{"id":544,"date":"2020-07-04T02:08:54","date_gmt":"2020-07-04T06:08:54","guid":{"rendered":"http:\/\/santateresadelosandes.org\/?p=544"},"modified":"2020-07-13T18:19:48","modified_gmt":"2020-07-13T22:19:48","slug":"544","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/santateresadelosandes.org\/index.php\/2020\/07\/04\/544\/","title":{"rendered":"Teresa de Los Andes: M\u00edstica de ojos abiertos"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Andes: \u201cM\u00edstica de ojos abiertos\u201d<\/strong><strong><sup>1&nbsp;<\/sup><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Desde la perspectiva de su vida familiar&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cSufrir y amar\u201d. Aqu\u00ed tiene mi vida entera<\/em><\/strong><strong><em><sup>2<\/sup><\/em><\/strong><strong><em>.&nbsp;<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sorprendente frase de una jovencita de 17 a\u00f1os, buena, bella , inteligente, alegre, amistosa, en fin, encantadora. Certera frase, de aquella que supo ver <em>\u201ccon los ojos del alma\u201d<\/em><em><sup>3 <\/sup><\/em>la realidad m\u00e1s profunda de la vida, tempranamente. Un poco m\u00e1s adelante en su diario, invertir\u00e1 el orden de las palabras <em>\u201cAmar y sufrir\u201d<\/em><em><sup>4 <\/sup><\/em>dir\u00e1.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00bfQu\u00e9 experiencia la hizo hilar tan fino? En nuestra Sta. Hermana Teresa, podemos ver las fibras de la gracia entretejerse con las hebras de su naturaleza en delicada armon\u00eda. Todo ello sobre el telar de su contexto familiar y social. Es verdad que, desde peque\u00f1a una atm\u00f3sfera sobrenatural la fue envolviendo <em>\u201cen las redes amorosas del Divino Pescador<\/em>\u201d<sup>5<\/sup>, pero no es menos cierto que ella supo dejarse envolver por aquellas redes con animosa generosidad, como una digna hija de Teresa de \u00c1vila. Y, al igual que su Sta. Madre, a trav\u00e9s de sus escritos podemos ver esa \u201cguerra\u201d interior que hubo de librar su alma apasionada hasta dejarse cautivar en esa <em>\u201cDivina Prisi\u00f3n\u201d.<\/em><em><sup>6&nbsp;<\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Debido a la brevedad de su vida, esta guerra de amor la libr\u00f3 b\u00e1sicamente en dos ambientes: su hogar y el colegio. El Carmelo ser\u00e1 para ella el lugar de la consumaci\u00f3n de este amor hecho ofrenda.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En el presente art\u00edculo nos detendremos a contemplar c\u00f3mo su vida m\u00edstica se fue tejiendo dentro de su n\u00facleo familiar y c\u00f3mo el Amor de Dios en su alma la fue capacitando para amar a los suyos al m\u00e1s puro estilo de Jes\u00fas, es decir, hasta el extremo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cRegalona de todos\u201d<sup>7&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong>La primera infancia de Teresa, la describe en su diario de manera id\u00edlica. Juanita crece y se desarrolla en un hogar c\u00e1lido, lleno de amor verdadero. Sin duda, este nido acogedor la capacitar\u00e1 para enfrentar m\u00e1s adelante la otra cara de la moneda. <em>\u201cJes\u00fas no quiso que naciese como \u00c9l, pobre. Y nac\u00ed en medio de las riquezas, regalona de todos\u201d<sup>8<\/sup>, <\/em>reconocer\u00e1. Adem\u00e1s, en su entorno respirar\u00e1 el aire puro de los buenos ejemplos y de la piedad. As\u00ed, recordar\u00e1 con veneraci\u00f3n a su abuelo paterno: Don Eulogio Solar Quiroga, patriarca que congregar\u00e1 en torno a s\u00ed no solo a su familia, sino a todos los que trabajaban con \u00e9l, quienes lo reconocer\u00e1n como un hombre de Dios, que contagiaba su fe<sup>9<\/sup>. A sus nietos les quedar\u00e1 el vivo recuerdo de un abuelo generoso, cari\u00f1oso y \u201csanto\u201d. Su partida fue el primer gran desgarro que tuvo que sufrir Juanita, cuando ya contaba 7 a\u00f1os de edad. <sup>10&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cDespu\u00e9s de Dios&#8230; los seres que m\u00e1s he querido sobre la tierra.\u201d<\/em><\/strong><strong><em><sup>11&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Juanita, en sus primeros a\u00f1os, goz\u00f3 tambi\u00e9n de una madre y un padre muy presentes. Siempre reconocer\u00e1 la abnegaci\u00f3n de cada uno por dar lo mejor de s\u00ed, a sus 6 hijos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de su \u201cDiario y Cartas\u201d y testimonios de otras personas, podemos dibujar un perfil, m\u00e1s o menos preciso, de ambos, en donde lo primero que salta a la vista es el contraste de personalidad del uno con respecto al otro. Adem\u00e1s, podemos inferir algunos rasgos que Juanita hered\u00f3 de ellos:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Do\u00f1a Luc\u00eda Solar Amstrong <\/em>(1872-1955): Mujer de car\u00e1cter fuerte y piedad muy arraigada. Una buena formadora de sus hijos en el m\u00e1s amplio sentido, pues conjugaba la dulzura con la firmeza. Mucho se ha dicho sobre su rigor y excesiva escrupulosidad en algunos aspectos. Pero hemos de decir tambi\u00e9n que, de no haber sido as\u00ed, este diamante llamado \u201cJuanita\u201d podr\u00eda haber sucumbido, al dejarse llevar por los halagos ante su belleza, por su car\u00e1cter fuerte (incluso col\u00e9rico), o por su tendencia a la pereza y al des\u00e1nimo. All\u00ed estar\u00e1 do\u00f1a Luc\u00eda, sol\u00edcita por cada uno de los suyos, especialmente por su Juanita, pues supo apreciar lo aquilatado de su alma. <sup>12 <\/sup>Conservamos de ella varias cartas dirigidas a su \u201cTeresita de Jes\u00fas\u201d como gustaba decirle, cuando ya estaba en el Carmelo. Todas ellas rebosan ternura, admiraci\u00f3n y preocupaci\u00f3n de madre.<sup>13&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><em>Don Miguel Fern\u00e1ndez Jaraquemada <\/em>(1869-1923): Hombre de coraz\u00f3n sensible y bueno, pero con tendencia a la melancol\u00eda y al desaliento. Al ver que sus esfuerzos en el trabajo no daban fruto y, por el contrario, iba perdiendo su fortuna y la de su esposa, comienza a distanciarse cada vez m\u00e1s de su familia, llegando a pasar temporadas enteras fuera del hogar.<sup>14 <\/sup>As\u00ed, no es de asombrar que se viera sumido en una especie de depresi\u00f3n, como se descubre en sus cartas escritas a Juanita, que develan la soledad, oscuridad y sinsentido en que se encontraba.<sup>15 <\/sup>No obstante, hemos de agradecer su generoso \u201cs\u00ed\u201d, del cual pend\u00eda la vocaci\u00f3n de Juanita para poder ingresar al Carmelo, y que, en esos momentos, fue para \u00e9l, un verdadero acto de fe y de desprendimiento, por el profundo amor que le profesaba a Juanita.<sup>16&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cSab\u00eda tratar con gran tacto a sus hermanos que eran todos muy diferentes de car\u00e1cter\u201d<\/em><\/strong><strong><em><sup>17&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Juanita hab\u00eda aceptado el consejo de ser <em>\u201cel \u00e1ngel tutelar de la familia\u201d<\/em><em><sup>18 <\/sup><\/em>y lo hac\u00eda con la delicadeza y la prudencia, que da el amor. Ya lo atestiguar\u00e1 su hermano Luis, quien la llamar\u00e1 la <em>\u201cjoya de nuestra casa\u201d<\/em><sup>19<\/sup>, o su hermano Miguel quien dir\u00e1 que en su casa hab\u00eda <em>\u201cuna santa de verdad\u201d<\/em><sup>20<\/sup>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, algunos rasgos de los Fern\u00e1ndez Solar por estos a\u00f1os:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Luc\u00eda (1894-1968): <\/em>Poco se desprende de los escritos de Juanita sobre su hermana mayor, a quien se le ve muy preocupada por su futuro. Pues, por los reveses econ\u00f3micos de la familia, su matrimonio con Isidoro Hunneus se iba aplazando. Finalmente, con grandes esfuerzos de su padre, se concreta el matrimonio (1918), del cual nacer\u00e1 \u201cLucecita\u201d en 1919. Esto impacta mucho a su \u201ct\u00eda Juanita\u201d<sup>21<\/sup>. Se conserva solo una carta de Luc\u00eda a Teresa, que nos muestra el cari\u00f1o y admiraci\u00f3n que esta sent\u00eda por su hermana carmelita.<sup>22&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><em>Miguel (1895-1953): <\/em>El poeta de la familia. Durante su juventud, no dejaba de preocupar a su madre por su vida bohemia e inestable. Tambi\u00e9n ser\u00e1 una de las m\u00e1s grandes preocupaciones de Juanita<em><sup>23<\/sup><\/em>. No se conservan cartas suyas a Teresa, pero las cartas de la Sra. Luc\u00eda a su hija denotan esta constante inquietud por su hijo mayor.<sup>24&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><em>Luis (1898-1984): <\/em>El hermano <em>\u201cm\u00e1s querido\u201d<sup>25 <\/sup><\/em>de Juanita, el que m\u00e1s sufrir\u00e1 su partida al Carmelo. Se encontraba por esta \u00e9poca estudiando leyes, era muy aplicado. Le encantaba la filosof\u00eda y de tanto cavilar iba perdiendo la fe.<sup>26 <\/sup>No se conservar cartas suyas a su hermana tan querida, pero sus testimonios en ambos procesos de Teresa son muy conmovedores y ricos en detalles de la vida familiar y la virtud sencilla de su hermana carmelita.&nbsp;<em>Juanita (1900-1920): <\/em>La hija <em>\u201cregalona\u201d<sup>27 <\/sup><\/em>de su madre. De coraz\u00f3n extremadamente sensible, y de complexi\u00f3n fr\u00e1gil. Su personalidad condensa matices, a primera vista, contrastantes<sup>28<\/sup>. Pero resulta impresionante a medida que avanza en su vida sico-espiritual, c\u00f3mo se va transformando en una mujer madura, \u00edntegra, serena. Capaz de intuir, aconsejar y acompa\u00f1ar desde la cima de su ser mujer, con tan solo 18 o 19 a\u00f1os. <sup>29&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><em>Rebeca (1902-1942): <\/em>De car\u00e1cter \u201cjuguet\u00f3n\u201d, bromista, aventurero e impulsivo. <sup>30 <\/sup>Ser\u00e1 tal vez por ello, el complemento perfecto de su hermana Juanita. Amiga, c\u00f3mplice y confidente inseparable. Y, en la hora de la verdad, la primera heredera de la fecundidad espiritual de Teresa. Se conservan (en una de las libretas escolares de Juanita) misivas entre ella, Elena Salas y Juanita, que reflejan el desgarro profundo que le signific\u00f3 la partida de su hermana al Carmelo.<sup>31 <\/sup>Tambi\u00e9n se cuentan 3 cartas dirigidas a \u201csu Juanita\u201d, ya en el convento, que nos la muestran tal cual era: sencilla, comunicativa, alegre, y en donde se descubren los primeros atisbos de inquietud vocacional<sup>32<\/sup>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ignacio (1910-1976): <\/em>El hermano peque\u00f1o de Teresa, por lo tanto el que menos convivi\u00f3 con ella. Padeci\u00f3 desde ni\u00f1o una enfermedad a la pierna, llevando una vida distinta y llena de cuidados por parte de su mam\u00e1. Juanita lo atend\u00eda tambi\u00e9n con cari\u00f1o maternal. <sup>33 <\/sup>Se conserva una cartita escrita de su pu\u00f1o cuando a penas sab\u00eda escribir, donde le cuenta c\u00e1ndidamente a su hermana carmelita lo mucho que se extra\u00f1a en casa<sup>34<\/sup>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cLa vida de familia, para que sea vida de uni\u00f3n, ha de ser un sacrificio continuado\u201d<\/em><\/strong><strong><em><sup>35&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sobre este escenario familiar, que a primera vista parece discordante, se desarrollar\u00e1 la trama de la vida m\u00edstica de Juanita. Con escenas intensas en amor, dolor y gozo. Sin duda, es en este realismo donde aterrizar\u00e1n sus gracias extraordinarias, corroborando as\u00ed su autenticidad. Adem\u00e1s, en este contexto desarrollar\u00e1 Juanita su mayor apostolado, ser\u00e1 <em>\u201cmisionera en su casa\u201d<\/em>,<sup>36 <\/sup>derramando a manos llenas el Amor de Dios, que desde peque\u00f1a le ha sido dado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En la Carta 87 al Padre Antonio Ma Falgueras s.j (uno de sus confesores) Juanita hace un resumen sobre las gracias m\u00edsticas \u201cm\u00e1s se\u00f1aladas\u201d que ha recibido a lo largo de su vida, antes de ingresar al Carmelo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Adentr\u00e1ndonos en ellas, comprobaremos la veracidad de sus palabras al inicio de su diario, es decir, ese binomio, <em>\u201csufrir y amar\u201d, <\/em>que acompasar\u00e1 cada una de las etapas de su vida m\u00edstica. Y, por otro lado, esa \u201cguerra\u201d que conlleva toda respuesta humana a tanta Gracia recibida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cEsta es la Virgen que jam\u00e1s ha dejado de consolarme y de o\u00edrme\u201d<\/em><em><sup>37&nbsp;<\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Fue Mar\u00eda quien primero sali\u00f3 al encuentro de Teresa. Ella hab\u00eda de preparar su coraz\u00f3n, para, a\u00f1os m\u00e1s tarde, o\u00edr la voz de Jes\u00fas. Es en 1907 cuando la ni\u00f1a Juanita comienza a adentrarse en los caminos de la oraci\u00f3n vocal, a trav\u00e9s del rezo del rosario ense\u00f1ado por su hermano Luis, y escucha por primera vez la voz de Mar\u00eda.<sup>38 <\/sup>Como contraparte: <em>\u201cDesde esta \u00e9poca es cuando Nuestro Se\u00f1or me mostr\u00f3 el sufrimiento. Mi pap\u00e1 perdi\u00f3 una parte de la fortuna. As\u00ed que tuvimos que vivir m\u00e1s modestamente.\u201d<\/em><em><sup>39 <\/sup><\/em>Pero no fue solo eso: desde aqu\u00ed la relaci\u00f3n entre sus padres comienza a resquebrajarse.<sup>40&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cEl d\u00eda de mi primera comuni\u00f3n fue un d\u00eda sin nubes\u201d<sup>41&nbsp;<\/sup><\/em>As\u00ed lo evocar\u00e1 Juanita en su diario con gran viveza y emoci\u00f3n. Tambi\u00e9n reconocer\u00e1 la exhaustiva preparaci\u00f3n que signific\u00f3 para ella; su madre, la Sra. Luc\u00eda, lo atestigua.<sup>42 <\/sup>Este crucial hito marcar\u00e1 un antes y un despu\u00e9s en su vida espiritual,<sup>43 <\/sup>transform\u00e1ndola en un alma eminentemente eucar\u00edstica, en el m\u00e1s aut\u00e9ntico sentido. Tanto as\u00ed, que su camino de \u201cUni\u00f3n con Dios\u201d se puede leer de aqu\u00ed en adelante bajo esta perspectiva. En sus palabras ese: \u201cQuiero ser hostia por Hostia\u201d<sup>44 <\/sup>como ideal ya en el Carmelo. Y es que, en este primer encuentro con Jes\u00fas Eucarist\u00eda siente su voz por primera vez y con ello <em>\u201cuna paz deliciosa\u201d.<\/em><sup>45 <\/sup>Pero: <em>\u201cPas\u00f3 ese d\u00eda tan feliz que ser\u00e1 el \u00fanico de mi vida<\/em><strong><em>. <\/em><\/strong><em>Nos cambiamos de casa al poco tiempo&#8230;\u201d <\/em>Nuevamente, cambio de casa, a una m\u00e1s modesta. Sin embargo, ya ten\u00eda un asilo seguro, pues: <em>\u201cJes\u00fas desde ese primer abrazo, no me solt\u00f3 y me tom\u00f3 para s\u00ed\u201d<\/em><sup>46<\/sup>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cQuer\u00eda que mi coraz\u00f3n fuera s\u00f3lo para \u00c9l, y que fuera carmelita\u201d<\/em><em><sup>47&nbsp;<\/sup><\/em>Juanita nos cuenta que cada 8 de diciembre enfermaba.<sup>48 <\/sup>Pero fue en 1914, luego de un ataque de apendicitis, cuando Jes\u00fas le sale nuevamente al encuentro. Esta vez a trav\u00e9s de un cuadro del Sdo. Coraz\u00f3n que ten\u00eda en su habitaci\u00f3n.<sup>49 <\/sup>Invit\u00e1ndola a llenar su soledad con \u00c9l, a sufrir sin quejarse, y a ser Carmelita. Ella responder\u00e1 intensificando sus coloquios \u00edntimos y dej\u00e1ndolo a \u00c9l vivir en ella. Aunque no todo fue \u201cun s\u00ed\u201d a Jes\u00fas, pues al poco tiempo de este encuentro, nos relata en su diario una gran rabieta que tuvo<sup>50<\/sup>. Este hecho le har\u00e1 palpar su ingratitud e inconstancia, inst\u00e1ndola a un cambio de \u201ctimonel\u201d, pasando a ser Jes\u00fas el \u201cCapit\u00e1n de su barquilla.\u201d<sup>51 <\/sup>Esta <em>\u201cgrande y muy determinada determinaci\u00f3n\u201d<\/em><em><sup>52 <\/sup><\/em>significar\u00e1 para ella su segunda conversi\u00f3n. As\u00ed, podr\u00e1 enfrentar con valor y fe la separaci\u00f3n de su familia al ingresar al internado y, otras pruebas que ir\u00e1n fortaleciendo y afianzando su vocaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cSu Rostro qued\u00f3 por mucho tiempo esculpido en mi memoria\u201d<\/em><em><sup>53&nbsp;<\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n se le represent\u00f3 el Se\u00f1or a trav\u00e9z de visiones imaginarias. En esta carta 87 nos relata una de estas experiencias. M\u00e1s all\u00e1 del suceso mismo (del que no tenemos data, y que no ser\u00e1 el \u00fanico por lo dem\u00e1s), lo apreciable de su confidencia es lo que produjo en ella: <em>\u201cCada vez que lo representaba como lo hab\u00eda visto, me sent\u00eda deshacerme de arrepentimiento por mis pecados. El amor que le ten\u00eda crec\u00eda cada vez m\u00e1s, y todo lo que sufr\u00eda me parec\u00eda poco&#8230;\u201d.<\/em><em><sup>54 <\/sup><\/em>Ahora es Jes\u00fas, coronado de espinas, quien se le deja ver, para invitarla a dar un paso m\u00e1s. Primero la inst\u00f3 a sufrir sin quejarse, ahora a sufrir con amor y, en el Diario 15, a trav\u00e9z de una locuci\u00f3n la invita a <em>\u201csufrir con alegr\u00eda\u201d <\/em>poni\u00e9ndose siempre a \u00c9l como modelo, en su subida al Calvario. Ella lo vivir\u00e1 intensamente en el seno de los suyos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cMe dijo que hiciera yo otro tanto\u201d<\/em><em><sup>55&nbsp;<\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, nos relata dos visiones intelectuales en torno a Jes\u00fas Sacramentado. En la primera el Se\u00f1or le descubre su anonadamiento bajo las especies eucar\u00edsticas. En la segunda le revela: \u201cQue r<em>ogaba incesantemente a su Padre por los pecadores y se ofrec\u00eda como v\u00edctima por ellos all\u00ed en el altar, y me dijo hiciera yo otro tanto, y me asegur\u00f3 que en adelante vivir\u00eda m\u00e1s unida a \u00c9l. Que me hab\u00eda escogido con m\u00e1s predilecci\u00f3n que a otras almas, pues quer\u00eda que viviera sufriendo y consol\u00e1ndolo toda mi vida. Que mi vida ser\u00eda un verdadero martirio, pero que El estar\u00eda a mi lado. Su imagen qued\u00f3 ocho d\u00edas en mi alma.\u201d <\/em>Esta \u00faltima visi\u00f3n de 1918, es trascendental en su proceso espiritual, pues, aunque ya en 1917 se hab\u00eda entregado como \u201cofrenda\u201d por la conversi\u00f3n de ciertas personas<sup>56 <\/sup>(ofrenda que el Se\u00f1or no acepta<sup>57<\/sup>), ahora se entrega como \u201cv\u00edctima\u201d, con esta clara connotaci\u00f3n eucar\u00edstico-sacrificial.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta, por lo tanto, muy esclarecedora esta experiencia para releer el comienzo de su Diario. Pues los dos verbos: <em>\u201cSufrir y amar\u201d<\/em>, ahora se encarnan en ese anhelo suyo de ser <em>\u201cV\u00edctima de Amor\u201d<\/em><em><sup>58 <\/sup><\/em>a semejanza del Cordero inmolado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A continuaci\u00f3n, descubriremos c\u00f3mo esta invitaci\u00f3n \u201ctom\u00f3 cuerpo\u201d en circunstancias muy reales. Por lo tanto, cuando Juanita se ofrece como \u201cv\u00edctima\u201d sab\u00eda perfectamente a lo que se compromet\u00eda. M\u00e1s a\u00fan, a la luz de las gracias m\u00edsticas con las que fue favorecida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cQue vuelva la paz a la familia\u201d<\/em><\/strong><strong><em><sup>59&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Le conf\u00eda Juanita a Mar\u00eda a modo de s\u00faplica. Y es que esa paz de la que gozaba en medio de los suyos en su primera ni\u00f1ez, gradualmente, se fue desvaneciendo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es en noviembre de 1917, donde hace esta alusi\u00f3n m\u00e1s expl\u00edcita. Pero los problemas de convivencia se ven\u00edan arrastrando desde hace tiempo. Tal vez, el punto de partida de ellos fueron los reveses econ\u00f3micos sucesivos. Por \u00faltimo, don Miguel pierde irremediablemente la Hacienda Chacabuco, preciada herencia de do\u00f1a Luc\u00eda, por parte de Don Eulogio Solar. Este hecho fue un duro golpe para todos, y vino a ser un signo de quiebre muy elocuente, pues la figura de don Eulogio y esos tiempos de bonanza, ahora tan a\u00f1orados, se ven\u00edan al suelo, a la vista de todos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cada uno de los miembros de la familia recibi\u00f3 el golpe de distinta manera. Por supuesto, la carga m\u00e1s gravitante la recibi\u00f3 don Miguel, que sent\u00eda el peso de la culpa sobre sus hombros, ya cansados de tanto trabajo y tanto sol. Y si a esto le sumamos su tendencia a la melancol\u00eda, tenemos como resultado: un hombre dolido, herido en su orgullo, apesadumbrado, evadi\u00e9ndose de los suyos y refugi\u00e1ndose a\u00fan m\u00e1s en su soledad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La Sra. Luc\u00eda, mujer de fe, trataba de encontrar el sentido a todo esto, sin embargo, dominada por la pena no pod\u00eda ocultar su resentimiento. A partir de entonces, tuvo que reducir el personal que serv\u00eda en la casa, al cambiarse a una m\u00e1s reducida. Adem\u00e1s, la nueva residencia de la calle Vergara era herencia de los Fernand\u00e9z Jaraquemada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sus hijos tambi\u00e9n se encontraban muy apesadumbrados, cada uno lo demostraba a su manera. Luis lo relata as\u00ed: \u201c<em>cuando se remat\u00f3 la Hacienda Chacabuco. Todos est\u00e1bamos abrumados por perder la gran riqueza de los Solar\u201d <\/em>y luego nos detalla la reacci\u00f3n de Juanita: \u201c<em>Sin embargo Juanita era la \u00fanica serena y nos consolaba a todos&#8230; lleg\u00f3 donde el pap\u00e1: \u00ab No se aflija. Dios prueba a los que ama. \u00a1Qu\u00e9 importa que esto suceda, si es Su Voluntad! \u00bb Juanita lo consol\u00f3 augur\u00e1ndole d\u00edas mejores.\u201d<\/em><em><sup>60 <\/sup><\/em>Y no solo eso, sino que : <em>\u201cSoport\u00f3 con alegr\u00eda la austeridad del nuevo tren de vida de la familia, ayudando en el hogar con constancia y agrado, reemplazando a algunas empleadas que tuvieron que ser despedidas.\u201d<\/em><sup>61<\/sup>, atestiguaba, su primo Francisco Javier Dom\u00ednguez Solar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>A principios de este a\u00f1o 1917, Juanita se hab\u00eda propuesto, entre otras cosas, aceptar los sacrificios sin murmurar interiormente ni abatirse y esmerarse en labrar la felicidad de los dem\u00e1s.<sup>62 <\/sup>Como vemos, este a\u00f1o le ten\u00eda deparado grandes dolores para poner por obra sus prop\u00f3sitos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cDesde hoy no solo te ofrezco mi vida sino tambi\u00e9n mi muerte\u201d<\/em><\/strong><strong><em><sup>63&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong>Luego de las \u00faltimas vacaciones en Chacabuco, Juanita escribe en su diario una misteriosa y contundente petici\u00f3n: \u201c<em>Jes\u00fas m\u00edo, T\u00fa conoces la ofrenda que te he hecho de m\u00ed misma por la conversi\u00f3n de las personas que te he nombrado. Desde hoy, no solo te ofrezco mi vida, sino tambi\u00e9n mi muerte como te pluguiere d\u00e1rmela. La recibir\u00e9 con gusto, ya sea en el abandono del Calvario, ya en el Para\u00edso de Nazaret. Adem\u00e1s, si quieres, dame sufrimientos, cruz, humillaciones. Que sea pisoteada para castigar mi orgullo y el de ellos.\u201d <\/em><sup>64 <\/sup>Y un poco m\u00e1s adelante, en su diario lo reitera con m\u00e1s angustia: <em>\u201cMe he ofrecido a \u00c9l por la conversi\u00f3n de esas personas. Cu\u00e1nto sufro al pensar que dentro de esas almas est\u00e1 el diablo y no Dios.\u201d<\/em><em><sup>65<\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente recibe la respuesta: \u201c<em>N. Se\u00f1or me dijo que no aceptar\u00eda mi ofrenda, pero que me oir\u00eda y conceder\u00eda la conversi\u00f3n de esas almas, pero dentro de un tiempo m\u00e1s. Me dijo que me uniera a \u00c9l crucificado; que me quer\u00eda ver crucificada. He sufrido tanto, que esta ma\u00f1ana toda la Misa llor\u00e9. Pero ma\u00f1ana voy a ofrecer mis l\u00e1grimas por ellos.\u201d<\/em><em><sup>66&nbsp;<\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00bfPor qui\u00e9nes es capaz de hacer semejante ofrecimiento? Tal vez nos parezca evidente responder que, por sus dos hermanos: Miguel y Luis. Indagando m\u00e1s detenidamente en sus escritos, podemos afirmar que tambi\u00e9n ofrece la vida por su padre, don Miguel.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201c\u00a1Le ped\u00ed a Jes\u00fas que lo sanara!\u201d<\/em><\/strong><strong><em><sup>67&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En su diario del d\u00eda 29 de octubre de 1917, Juanita hace por primera vez una clara referencia a la situaci\u00f3n espiritual de su padre; escribe: <em>\u201cAyer sal\u00ed por la procesi\u00f3n del Ni\u00f1o Jes\u00fas, por lgnacito. No le hizo el milagro, pero est\u00e1 mejor. Fue mi pap\u00e1, por lo que tuve mucho gusto. \u00a1Oh, que me le ped\u00ed a mi Jes\u00fas que lo sanara! \u00c9l est\u00e1 m\u00e1s enfermo que lgnacito. Ofrec\u00ed mi vida no s\u00e9 cu\u00e1ntas veces.\u201d<sup>68<\/sup><\/em>. M\u00e1s adelante, el d\u00eda 16 de noviembre, en una visi\u00f3n intelectual de Jes\u00fas, cuenta: <em>\u201cMe abri\u00f3 su Coraz\u00f3n y me mostr\u00f3 que por mis oraciones ten\u00eda escrito el nombre de mi pap\u00e1. Me dijo me resignara a no ver el fruto de ellas; mas que lo alcanzar\u00eda todo.\u201d<sup>69 <\/sup><\/em>Como vemos, a Juanita le preocupaba particularmente al alma de su padre, tanto as\u00ed que tem\u00eda por su salvaci\u00f3n.&nbsp;Mucho se ha dicho de que ella \u201ccargaba las tintas\u201d al referirse a don Miguel, tal vez por la actitud moralizante que imperaba en su \u00e9poca. Sin embargo, podemos desprender de sus escritos dos cosas que resultan evidentes. Primero, que Juanita era una m\u00edstica, es decir, <em>\u201cve\u00eda con los ojos del alma\u201d<sup>70 <\/sup><\/em>la realidad invisible a los ojos del cuerpo.<sup>71 <\/sup>As\u00ed, fue capaz de ver escrito, en el Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, el nombre de su padre. Y profundizando m\u00e1s hondamente a\u00fan en su figura, podemos reconocer que Juanita fue adem\u00e1s una \u201cM\u00edstica de ojos abiertos\u201d, es decir, con sus ojos humanos y su sensibilidad tan exquisita, pod\u00eda sondear los corazones de los dem\u00e1s y discernir seg\u00fan Dios.<sup>72 <\/sup>Para corroborar nuestra afirmaci\u00f3n, nos servimos de la siguiente cita de Ntro. Padre San Juan de la Cruz: <em>\u201cPero es de saber que estos que tienen el esp\u00edritu purgado con mucha facilidad naturalmente pueden conocer, y unos m\u00e1s que otros, lo que hay en el coraz\u00f3n o esp\u00edritu interior, y las inclinaciones y talentos de las personas; y esto por indicios exteriores aunque sean muy peque\u00f1os, como por palabras, movimientos y otras muestras.\u201d<sup>73<\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cPido a la Virgen que mi pap\u00e1 se confiese, que vuelva la paz a la familia\u201d<\/em><\/strong><strong><em><sup>74&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pero \u00bfCu\u00e1l era la situaci\u00f3n espiritual o moral de don Miguel, que tanto preocupaba a su hija?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha dicho que lo que preocupaba a Juanita era el que su padre no cumpliera con la Iglesia, es decir, que no acudiera a los sacramentos. Sin duda que esto, en el contexto social-religioso de la \u00e9poca, era algo muy grave. Pero sabemos que tampoco Miguel y Luis, sus hermanos, frecuentaban los sacramentos. Sin embargo, Juanita sufr\u00eda por su padre de manera m\u00e1s intensa. En su Diario del 21 de noviembre de 1917 le pide a la Virgen: <em>\u201cque mi pap\u00e1 se confiese, que vuelva la paz a la familia\u201d<\/em>. Hace dos peticiones, separadas a penas por una \u201ccoma\u201d, manifestando que su familia est\u00e1 careciendo de paz, por esta situaci\u00f3n que atraviesa su padre. Y luego, le cuenta a Mar\u00eda, los dolores que ella ve como m\u00e1s grandes, en el resto de su familia. Incluso le confiesa con sencillez sus propios malestares f\u00edsicos. Tambi\u00e9n fruto de esta tensi\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy sabemos, que don Miguel manten\u00eda una relaci\u00f3n extramarital con Rosaura Rivera<sup>75<\/sup>, de la cual tuvo un hijo llamado Pedro, que naci\u00f3 en el mismo a\u00f1o que muri\u00f3 Juanita.<sup>76&nbsp;<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Si Juanita tuvo conocimiento de esta relaci\u00f3n no lo sabemos con certeza, pues no existe ninguna alusi\u00f3n expl\u00edcita de ello en sus escritos, sino solo las alusiones veladas que anteriormente hemos expuesto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, es evidente que Juanita percib\u00eda la relaci\u00f3n cada vez m\u00e1s tensa entre sus padres, que se traduc\u00eda en el continuo alejamiento geogr\u00e1fico de don Miguel. Y, con <em>\u201clos ojos del alma\u201d <\/em>ve\u00eda la debilidad de su padre, pues conoc\u00eda bien su coraz\u00f3n sensible como el suyo. Por ello, apostar\u00e1 por emplear la Misericordia, al estilo de su Divino Maestro. As\u00ed, sus cartas dirigidas a \u00e9l destilar\u00e1n cari\u00f1o y preocupaci\u00f3n, con una fineza exquisita y sin ning\u00fan viso de reproche. La mayor\u00eda ser\u00e1n para darle noticias familiares, haci\u00e9ndolo parte del acontecer de la casa o de las vacaciones. Generalmente, le mandar\u00e1 saludos de su madre y hermanos. Se preocupar\u00e1 por su salud y no se cansar\u00e1 de decirle lo mucho que valora sus esfuerzos por ellos. En este contexto, digna de destacar es la carta 35, escrita al d\u00eda siguiente de su salida definitiva del colegio ofreci\u00e9ndole ser su confidente: <em>\u201cDesde ahora, papacito, empieza para m\u00ed una nueva vida. As\u00ed es que yo quiero que Ud. cuente para todo conmigo. No tengo otro deseo que darle gusto en todo, acompa\u00f1arlo y consolarlo, pues s\u00e9 que, en la vida de trabajo que Ud. lleva por nosotros, encuentra muy a menudo sufrimientos que, aunque trata de ocultarlos por el mismo cari\u00f1o que nos tiene, es imposible no comprenderlo&#8230; Cuente, pues, papacito, conmigo. Ahora ya soy grande. Consid\u00e9reme como hija a quien puede confiarle sus penas, sabiendo que ella no dir\u00e1 a nadie [nada]. Cr\u00e9ame que me har\u00eda feliz si esto lo consiguiera.\u201d&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cFiat voluntas tua, he aqu\u00ed mi oraci\u00f3n\u201d<sup>77&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong>A fines de 1917, comienza para Juanita, un <em>\u201cper\u00edodo de pruebas\u201d<sup>78 <\/sup><\/em>interiores m\u00e1s intenso. Esta \u201cNoche oscura\u201d le obtendr\u00e1 el don de una fe madura, acrisolada, recia que la capacitar\u00e1 para abrazar con mayor libertad su preciosa \u201cvocaci\u00f3n y misi\u00f3n\u201d de carmelita, tan a\u00f1orada por ella. Esta purificaci\u00f3n pasiva se da, adem\u00e1s, en el contexto de este quiebre familiar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, ser\u00e1 providencial su salida definitiva del colegio, a modo de preparaci\u00f3n para la gran separaci\u00f3n al ingresar al Carmelo, como tambi\u00e9n, para ser <em>\u201cv\u00ednculo de unidad\u201d <\/em>en medio de lo que hoy llamar\u00edamos su \u201cdisfuncional\u201d familia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y es precisamente, en este tiempo, donde vemos brillar con mayor esplendor la virtud de Juanita entreg\u00e1ndose a los suyos. Cada uno de los testimonios de sus familiares (con los que contamos) nos la muestran \u201csiendo toda para todos\u201d, d\u00e1ndose por entero a los suyos, con la alegr\u00eda propia del que sabe \u201csufrir y amar\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cMe pongo indiferente ante su divina voluntad\u201d<\/em><\/strong><strong><em><sup>79&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A fines de 1918, comienza a dudar si ha de ser religiosa del Sdo. Coraz\u00f3n o Carmelita, pero esta prueba cesa al conocer su \u201cPalomarcito\u201d de Los Andes en enero de 1919. El Se\u00f1or le hab\u00eda dicho que ingresar\u00eda a la vida religiosa en mayo. Sin embargo, su decisi\u00f3n pend\u00eda en definitiva, de la decisi\u00f3n de su pap\u00e1. Le escribe una conmovedora carta para obtener el permiso, la carta m\u00e1s bella salida de su pluma, donde argumenta magistralmente el porqu\u00e9 de su vocaci\u00f3n.<sup>80 <\/sup>No obstante, luego de ello, vislumbramos la \u201ctalla\u201d espiritual en que se encontraba antes de ingresar al Carmelo, pues se abandona totalmente en el Se\u00f1or, a trav\u00e9s del s\u00ed de su pobre \u201cpapacito\u201d. Escribe en su diario: <em>\u201cMi pap\u00e1, en la tarde, escribi\u00f3 a mi mam\u00e1, y est\u00e1 lleno de ternura para m\u00ed y dice que cree est\u00e1 obligado a darme su consentimiento; pero que lo pensar\u00e1&#8230; Me pongo indiferente ante su divina voluntad. Para m\u00ed es lo mismo me d\u00e9 el permiso para irme en mayo o que no lo consienta; lo mismo que me deje ser carmelita como no serlo. Es verdad, sufrir\u00e9. Pero como solo busco a \u00c9l, teni\u00e9ndolo contento, \u00bfqu\u00e9 me puede importar lo dem\u00e1s?\u201d<\/em><em><sup>81<\/sup><\/em>. Tambi\u00e9n podemos leer en este abandono, un cristalino signo de su vocaci\u00f3n de \u201cV\u00edctima de amor\u201d, pues, pone en las manos de su padre la decisi\u00f3n \u201cde su vida\u201d, que ofrecer\u00e1 por \u00e9l y que, finalmente, el Se\u00f1or acepta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cHe principiado ya mi misi\u00f3n de rogar constantemente por los m\u00edos\u201d&nbsp;<\/em><\/strong>Juanita ingresa al Carmelo el 7 de mayo, luego de unas semanas dolorosas en medio de los suyos.<sup>82 <\/sup>Ya dentro del Carmelo, al d\u00eda siguiente, la primera carta la dirige a su padre. En ella, le agradece el haberle dado su consentimiento, y le revela un secreto: <em>\u201cHe principiado ya mi misi\u00f3n de rogar constantemente por los m\u00edos. No los olvido un momento en mis oraciones. Quiera N. Se\u00f1or recib\u00edrmelas y darles cuanto necesitan\u201d<\/em>. Y luego le confiesa: <em>\u201cSiempre tendr\u00e1 un ser que ruegue a N. Se\u00f1or por Ud., ya que le ha proporcionado el objeto de su felicidad. Nunca tendr\u00e9 c\u00f3mo pag\u00e1rselo.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Teresa de aqu\u00ed en adelante comienza a adentrarse con m\u00e1s celeridad a\u00fan, en el \u201cCamino de la perfecci\u00f3n\u201d o de \u201cla Uni\u00f3n\u201d. Junto con ello, ejerce el \u201cmagisterio de la pluma\u201d (a trav\u00e9s de sus cartas) a semejanza de su Sta. Madre Teresa<sup>83<\/sup>, cosa bastante inaudita en una postulante. Y es que, Madre \u00c1ngelica Teresa<sup>84 <\/sup>supo descubrir en ella un alma privilegiada por la Gracia y supo tambi\u00e9n secundar la obra del Esp\u00edritu en el alma de su querida hija. Teresa, por su parte, experimentar\u00e1 un gran cari\u00f1o y confianza hacia su \u201cmadrecita\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201c\u00c9l me ha transformado. \u00c9l va descorriendo los velos que lo ocultaban\u201d<\/em><\/strong><strong><em><sup>85&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Teresa, desde el principio, se someti\u00f3 con gusto a la vida regular. Tambi\u00e9n en este caso se le hizo una excepci\u00f3n, pues las postulantes no segu\u00edan en todo el horario de la comunidad. Exteriormente, parec\u00eda una m\u00e1s, sin embargo, por dentro bull\u00eda la \u201choguera de amor\u201d que no quer\u00eda dejar nada a su paso<em>: \u201cpara irse a unir al fuego infinito del amor que es Dios\u201d.<sup>86 <\/sup><\/em>Y ella, era, en parte, consciente de esta transformaci\u00f3n, pues le confiesa con naturalidad y asombro a su madre, luego del retiro de Pentecost\u00e9s: \u201c<em>Mamacita, quisiera poderla hacer leer en mi alma, para que viera todo lo que en ella ha escrito N. Se\u00f1or en estos d\u00edas. Quisiera que viera mi alma iluminada con los destellos infinitos del Divino Prisionero. Con esa escritura, con ese fuego, me hace comprender, me hace ver cosas desconocidas, grandezas nunca vistas. No se figura, mamacita, el cambio que ya percibo en m\u00ed. \u00c9l me ha transformado. \u00c9l va descorriendo los velos que lo ocultaban&#8230;\u201d <sup>87<\/sup>. <\/em>Pero esta transformaci\u00f3n se iba dando por medio de dolorosas purificaciones.&nbsp;As\u00ed, en la semana del retiro previo a Pentecost\u00e9s, vemos a Teresa <em>\u201cpenetrada de Dios\u201d<sup>88<\/sup><\/em>: <em>\u201cHe sentido como que Dios bajaba a m\u00ed, pero con un \u00edmpetu de amor tan grande, que creo que poco m\u00e1s no podr\u00eda resistir\u201d.<sup>89 <\/sup><\/em>Como contraparte: <em>\u201cPero no todo ha sido goce. La cruz ha sido bien pesada. Primero tuve que acompa\u00f1ar a N. Se\u00f1or en la agon\u00eda. Despu\u00e9s me vinieron unas dudas tan horribles contra la fe&#8230; La tercera prueba fue la m\u00e1s horrible. Sent\u00ed todo el peso de mis pecados y los numerosos favores y el amor de Dios. Al d\u00eda siguiente se me present\u00f3 N. Se\u00f1or no ya en agon\u00eda, sino con el rostro muy triste. Le pregunt\u00e9 qu\u00e9 ten\u00eda, pero no me contest\u00f3, d\u00e1ndome a entender que estaba enojado conmigo&#8230; La cuarta prueba fue espantosa&#8230; Se me vino al pensamiento que todo esto eran enga\u00f1os del demonio&#8230; Fueron las tinieblas m\u00e1s horribles, pues me cre\u00ed desamparada de Dios.\u201d<sup>90 <\/sup><\/em>A\u00fan en medio de estas tentaciones brilla para ella el Amor de Amado, y sale victoriosa en su fe. Para constatarlo, les ofrecemos un escrito in\u00e9dito muy \u00edntimo, que rezuma confianza, escrito luego de estas experiencias: <em>\u201cJes\u00fas, sufro, pero deseo sufrir m\u00e1s. Contemplo mi impotencia, mi anonadamiento. Pero a pesar de que me siento por vos rechazada, que me dices que no te amo, me abandono en tu Divino Coraz\u00f3n. De de all\u00ed no me puedes arrojar, es mi asilo, t\u00fa me lo diste; as\u00ed<\/em> <em>pues, a\u00fan cuando tus miradas est\u00e1n llenas de enojo para tu pobre nada criminal, tu Coraz\u00f3n no sabe sino latir lleno de ternura para ella \u00a1Oh jam\u00e1s dejar\u00e1s de ser Jes\u00fas, perd\u00f3name que tu amor no haya conseguido romper los hilos de mi pobre coraz\u00f3n!\u201d. <\/em><sup>91<\/sup>En realidad, faltaba muy poco para que la \u201cLlama de amor viva\u201d rompiera la tela del \u201cdulce encuentro.\u201d&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cLa v\u00edctima de amor tiene que subir al Calvario\u201d<sup>92&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong>Los primeros d\u00edas de marzo, Teresa le confiesa al Padre Avertano o.c.d que dentro de un mes morir\u00e1. <sup>93 <\/sup>Su \u201csubida al Calvario\u201d comienza precisamente el Jueves Santo <sup>94 <\/sup>(1 de abril) cuando se siente al l\u00edmite de sus fuerzas, pero sigue todos los actos propios de la comunidad en este d\u00eda. El Viernes Santo por la tarde, Madre Ang\u00e9lica Teresa advierte su estado febril y toma las medidas necesarias. El 5 de abril, se confiesa y comulga. El 7 de abril, profesa como carmelita descalza \u201cIn articulo mortis\u201d, lo que la llena de gozo. Este mismo d\u00eda le diagnostican un tifus avanzado y comulga por \u00faltima vez. La noche del viernes 9 de abril sufre una dolorosa tentaci\u00f3n, que nos relata la hna. Gabriela, su enfermera y primera bi\u00f3grafa: <em>\u201cLa hna. Teresa -ante el estupor de las monjas- se incorpor\u00f3 y convulsa y agitada y con energ\u00edas incre\u00edbles en el estado de postraci\u00f3n en que se hallaba, hac\u00eda grandes esfuerzos para sacarse el santo escapulario y apartar de s\u00ed todos los objetos de piedad que la rodeaban&#8230; Con voz fuerte y angustiosa y cavernosa se le oy\u00f3 decir: \u00abEs cierto que Dios me ha hecho grandes gracias, pero yo no he correspondido a ellas y estoy condenada\u00bb. El Rvdo. Padre Blanch la alent\u00f3 a la confianza &#8230;pero sor Teresa estremeci\u00e9ndose clamaba: \u00abNo, no por favor no recen por m\u00ed\u00bb y con acento desgarrador exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Nunca cre\u00ed que la Sant\u00edsima Virgen me fuera a abandonar!\u00bb Las que presenci\u00e1bamos tan dolorosa escena redoblamos nuestras oraciones, en tanto que el Rvdo. Padre Blanch asperjaba el lecho y la celda con agua bendita. Despu\u00e9s de un largo rato de esta terrible lucha, se fue calmando poco a poco y hubo un momento en que sonri\u00e9ndose dijo como si viera a alguien: \u00ab\u00a1Mi Esposo!.. \u00bb\u201d<sup>95<\/sup>. <\/em>Sin duda esta fue una de las \u00fatimas tentaciones que sufri\u00f3 Teresa, la que espont\u00e1neamente nos remite al <em>\u201cabandono del Calvario\u201d <\/em>que padeci\u00f3 su Divino Maestro ( y al que ella se hab\u00eda ofrecido<sup>96<\/sup>). As\u00ed de estrecha era la semejanza que \u00c9l quer\u00eda establecer con su Esposa-V\u00edctima. Padre Valentino Macca o.c.d, lo confirma: <em>\u201cLo que interesa es observar las disposiciones de alegre conformidad con la voluntad de Dios de \u201cv\u00edctima\u201d, notable, antes del delirio, y de ver la reacci\u00f3n de la Sierva de Dios, una vez terminado el mismo delirio, es decir el sentido de serenidad de esp\u00edritu y de fe y abandono y humilde disposici\u00f3n de oraci\u00f3n confiada en Jes\u00fas Mar\u00eda Jos\u00e9, con la exclamaci\u00f3n: \u201c\u00a1Mi Esposo&#8230;!\u201d, antes de morir&#8230; El comportamiento de la Sierva de Dios despu\u00e9s de media hora de delirio, demuestra m\u00e1s que nunca su vida teologal profunda, no removida ni siquiera por la terrible prueba f\u00edsica&#8230;\u201d.<sup>97 <\/sup><\/em>Hna. Gabriela, adem\u00e1s precisa: <em>\u201cTuvo momentos tambi\u00e9n en que se not\u00f3 se le revelaba Dios<\/em> <em>sensiblemente. En uno de estos dijo, como anim\u00e1ndose a s\u00ed misma, estas palabras que Nuestro Se\u00f1or le hab\u00eda dicho en otra ocasi\u00f3n: \u00abLa v\u00edctima de amor tiene que subir al Calvario\u00bb. Lo que hac\u00eda ver que ni aun en esos momentos, dejaba de tener presente su ofrecimiento de v\u00edctima. Este lo hizo repetidas veces a N. Se\u00f1or, que acept\u00f3 el sacrificio como un holocausto agradable a su Divino Coraz\u00f3n.\u201d<sup>98&nbsp;<\/sup><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cMuere de amor\u201d <\/em><\/strong><strong><em><sup>99&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El lunes 12 de abril, <em>\u201cse reuni\u00f3 varias veces la Comunidad, porque a cada momento parec\u00eda extinguirse su preciosa vida; y a las 7 1\/4, estando la Comunidad presente y asistida por el se\u00f1or Capell\u00e1n, expir\u00f3 suavemente en el Se\u00f1or\u201d<\/em>.<sup>100 <\/sup>Su connovicia, la Hna. Isabel de la Trinidad, rememora: \u201c<em>El fin de Sor Teresa de Jes\u00fas, fue un reflejo de su vida de intenso amor a Dios. Tuve la felicidad de encontrarme presente en sus \u00faltimos momentos&#8230; sin perder ni el m\u00e1s m\u00ednimo detalle. Ten\u00eda la mirada hacia arriba, el rostro encendido e irradiaba una paz y una dicha inmensa como un ser que se va sumergiendo en Dios. Las pruebas tan dolorosas a que fue sometida anteriormente su alma como \u00faltimos toques de purificaci\u00f3n y de aumento de m\u00e9ritos, y tambi\u00e9n, sin duda, para sellar su car\u00e1cter de v\u00edctima&#8230; hab\u00edan ya pasado. Se le ve\u00eda en una paz y felicidad inefable. Y en esa paz y felicidad entreg\u00f3 su alma al Se\u00f1or. D\u00edas antes, al ir a colocarle una inyecci\u00f3n, en estado semi-inconsciente murmur\u00f3 estas palabras: \u00abEl fruto estaba maduro. Dios lo toc\u00f3 y cay\u00f3&#8230;\u00bb\u201d <\/em>Y, a m\u00e1s de 70 km. de distancia de su convento de Los Andes, otra carmelita descalza, Hna. Mercedes del Coraz\u00f3n de Mar\u00eda <sup>101 <\/sup>nos revela su visi\u00f3n: <em>\u201cS\u00fabitamente llevaron mi esp\u00edritu a una peque\u00f1a estaci\u00f3n de ferrocarril, que era un ramal desde donde los trenes part\u00edan a Los Andes y hasta all\u00ed me llevaron, y me encontr\u00e9 en la celda de una carmelita moribunda; vi que era jovencita, y, a pesar de la palidez de su rostro, todo \u00e9l reflejaba una luz suav\u00edsima y celestial. Al lado izquierdo de su cama, como a un metro de altura, hab\u00eda un \u00e1ngel con ropaje como de nubes blancas, y con un dardo, que no le vi fuego en la punta, le traspasaba el coraz\u00f3n a la religiosa, y al punto me dijeron: \u00abMuere de amor\u00bb<\/em>\u201d<sup>102<\/sup>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cContemplo a la Sma. Trinidad dentro de mi alma como un inmenso foco de luz\u201d<\/em><\/strong><strong><em><sup>103&nbsp;<\/sup><\/em><\/strong>Vemos a Teresa franqueando la Puerta de la Humanidad de Cristo, con el coraz\u00f3n atravesado en amores. Penetrando en aquel <em>\u201cFoco de Luz\u201d <\/em>que no la ciega. En sus labios lleva su consigna:<em>\u201csufrir y amar\u201d. <\/em>En sus manos, una patena que contiene su vida hecha Hostia por amor. En sus <em>\u201cojos abiertos\u201d: <\/em>el reflejo de <em>su Padre, de su Esposo y de su Santificador<\/em>. Y todo su ser abismado en la \u201c<em>Grandeza de su Misericordia\u201d, <\/em>por ella y <em>\u201cpor los suyos\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Andes: \u201cM\u00edstica de ojos abiertos\u201d1&nbsp; Desde la perspectiva de su vida familiar&nbsp; \u201cSufrir y amar\u201d. Aqu\u00ed tiene mi vida entera2.&nbsp; Sorprendente frase de una jovencita de 17 a\u00f1os, buena, bella , inteligente, alegre, amistosa, en fin, encantadora. 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