80. A la Madre Angélica Teresa 12 de abril de 1919

80. A la Madre Angélica Teresa 12 de abril de 1919

J.M.J.T. Cunaco, 12 de abril de 1919 

Rda. Madre Sor Angélica del Smo. Sacramento 

Los Andes 

Mi Reverenda Madre: 

Varios días estaba por escribirle y tenía una carta lista que le había escrito en la noche en la cama, pues a otra hora no puedo; pero estaba con una letra tan mala que no me atreví. 

Alabemos al Señor y démosle gracias por el gran favor que ha concedido a su hijita. Tengo el permiso y, Dios mediante, volaré al palomarcito el 7 de mayo. El domingo que pasó mi papá me dio su consentimiento. San José ha sido el que ha hecho este milagro. 

Mandé mi carta el d;a de la Sma. Virgen, pero pasó una semana y mi papacito no me contestaba nada; pero por el nacimiento de mi primera sobrina tuvo que venir a Santiago. Parece que él esquivaba encontrarse solo conmigo, pero resultó que las niñitas Valdés Ossa me mandaron traer con su papá al fundo donde me encuentro. Entonces, antes de venirme, lo llamé a mi pieza y le pedí me diera el permiso, y entre lágrimas, no sólo me lo dio, sino me dijo que si era esa la voluntad de Dios, ser;a muy feliz siendo carmelita; y que él sólo deseaba verme feliz. 

Ayer comulgué por primera vez después de tener el permiso. Le aseguro no podía menos de llorar ante tan gran favor del buen Jesús. Estoy en el colmo de la dicha y del dolor. Creo que Ud., Rda. Madre, que ha pasado por estas circunstancias, puede comprender que existan en el alma contrastes tan grandes de sentimientos. Cuando pienso en el favor que el Señor me va a dispensar y por otro lado veo mi miseria e indignidad me confundo. Pero luego me echo en brazos del que es todo misericordia y, abismada allí, me quedo completamente abandonada a mi celestial Esposo El todo lo hace en mí. Yo lo único que hago es amarlo, y esto tan imperfectamente, que sólo su Bondad es capaz de soportarme. Lo amo y por El todo lo voy a dejar; pero ese todo es tan pequeña cosa comparado con el todo de su amor… Rda. Madre, ¿cuándo le ofreceré algo que sea menos indigno del amor que me demuestra? 

¡Qué feliz me siento al contemplar ya muy cerca mi bendita Montaña del Carmelo! Muy pronto subiré a ella Para vivir crucificada. La carmelita busca siempre a Dios, y ¿dónde mejor puede encontrarlo si no es en la cruz, donde el amor lo enclavó? Voy a principiar a amar a mi Jesús. Hasta aquí El me ha amado, puesto que se ha entregado a mí. Ahora principio a entregarme yo, para poder llamarme con verdad Teresa de Jesús. 

Mi mamacita recibió hace dos días su cartita, la que agradeció mucho. Mañana viene a buscarme para irnos el lunes a Santiago 

La Elisita me encarga saludarla cariñosamente y dice que basta que vaya a ser mi “Madrecita” para quererla mucho. Ella siente conmigo los mismos sentimientos de dicha y de pena. Y me envidia, aunque sólo desea hacer la voluntad de Dios. 

Voy a concluir porque es ya muy tarde -más de media noche- y mañana tengo que levantarme temprano. A mis Hermanitas les dirá que les doy las gracias por sus buenas oraciones, pues estoy segura que la Sma. Virgen y mi Padre San José no han podido hacerse sordos a ruegos tan constantes y llenos de santa caridad. Dígales que haré lo posible después para pagarles su caridad con oraciones, aunque pobres, por cierto, y sirviéndolas en cuanto me sea posible, pues soy muy inútil. 

Y Ud., mi Madre tan querida, le diré que Dios se lo pague, pues es lo único que puedo decirle. A Dios. Muy unida le queda su hijita al pie del Divino Crucificado 

Juana, H. de M 

P.D.–Salude a la Sarita. La Sra. Ester Pellé de Serrano me dijo le preguntara acerca de la determinación que había tomado con respecto a la Asociación de la Reparación Sacerdotal, y que si no le era una molestia muy grande, le escribiera sobre el particular. Vale. A Dios. Acaba de llegar mi mamacita y me dice que ya mi hermano sabe y lo mismo mi cuñado. Me dice que el primero está casi desesperado y que llora mucho. Rece, por favor, para que le aproveche a su alma. También rece por mi tío Eugenio Solar,l que le ha dado un ataque de locura, para que vuelva siquiera un momento a la razón y se arrepienta, pues hace muchos años que no se confiesa. Dice mi mamacita que sobre todo en esta semana de gran misericordia consigan con N. Señor misericordia para su pobre hermano. Dispense todo, mi Rvda. Madre; hubiera deseado escribirle otra carta más en orden, pero las circunstancias no me lo permiten. Perdón. 

Su hija