126. A su padre Agosto de 1919

126. A su padre Agosto de 1919

Pax Christi Agosto de 1919 

Querido papacito: Que la gracia del Espíritu Santo sea siempre en su alma. 

Nuestra Madrecita me permite enviarle estas líneas para decirle que su hija sufre con Ud. por la muerte tan desconsoladora del tío Andrés. Le aseguro que me ha producido una impresión horrible. ¡Qué de sorpresa llega la muerte, cuando no se piensa que hay una eternidad tras ella! Sin embargo, papacito, no desconfiemos de la misericordia de Dios que es infinita. Un solo gemido de su corazón basta para que sus pecados le hayan sido perdonados, aunque a nuestra vista y juicio aparezca lo contrario. Confiemos en Dios, pero también no hay que abusar de su infinito amor. Por eso, lo mejor es vivir en paz con N. Señor, de modo que, si la muerte viene de repente, no nos sorprenda y aterrorice. 

¡Qué diferencia existe tan inmensa en el modo de considerar la muerte de un cristiano y el que no lo es! Este sólo encuentra vacío, la nada, el frío de la tumba. El cristiano encuentra el término de su destierro, de sus sufrimientos; el principio de sus goces eternos. Encuentra, en una palabra, a su Dios, que es su Padre, que ha velado sobre él en cada paso que ha dado en la senda del bien y del dolor. Allí está su padre con los brazos extendidos para recibirlo y darle su corona. Qué paz no da esto en un trance tan horrible como es el de la destrucción de nuestro ser. 

No me canso de darle gracias a Dios por haberme dado un padre tan cristiano como el que tengo. Esos sentimientos de fe, papacito, que me demuestra en su carta, son el orgullo de su hija carmelita, la que no cesa de rogar porque cada vez sea más cristiano, más de Dios. 

Quisiera seguir conversando, pero se me concluyó el tiempo. Adiós, mi papachito lindo. Saludos para mi mamacita y hermanos. Y Ud. reciba el inmenso cariño de su carmelita, que lo acompaña a toda hora. Su indigna

Teresa de Jesús, Carmelita