127. A Elisa Valdés Ossa 28 de agosto 1919

127. A Elisa Valdés Ossa 28 de agosto 1919

J M.J.T. Pax Christi 

28 de agosto 1919 

Señorita Elisa Valdés Ossa 

Mi Eli tan querida: Que la gracia del Espíritu Santo sea en tu alma. 

Perdóname no haya contestado a tu cartita inmediatamente; pero todos estos días he tenido mucho quehacer, y ayer estuvimos de fiesta por las bodas de plata de la hermanita María de S. José. No te imaginas lo que la celebramos. Tanto que la pobrecita, en su humildad -pues es una santa-, llegaba a llorar: versos divertidos, cantos en guitarra, etc. Nos divertimos muchísimo. Todo es sencillez y alegría en el Carmen, y cada una se esmera en poner de su parte cuanto pueda para alegrar a sus hermanas. Verdaderamente es un encanto vivir en medio de santas hermanas, pues todas no forman sino un solo corazón. 

A veces, créeme, [me parece] que estoy soñando estar en el Carmen. Todavía no puedo convencerme poseer una felicidad tan incomparable. Las que no tienen vocación no la comprenden, pues encuentran que no hay dicha en el sacrificio, cuando en el sacrificio que se hace por Dios está el más puro goce. Pero esto es cuando la voluntad de Dios lo pide; pues, como tú muchas veces me lo has asegurado, te encuentras feliz en medio de los tuyos, haciendo el bien que puedes. Y te creo, pues es eso lo que exige Dios de ti. 

Mucho gozaría, mi Eli, tenerlas por aquí un día. Consigan con tu mamá un viajecito a mi palomarcito, tan pobrecito exteriormente, pero que encierra interiormente el cielo. ¿Te acuerdas de las misiones en Cunaco? Nunca olvidaré esos días cerca de Uds. Tan bien que lo pasamos. 

No te puedo escribir más porque van a tocar a vísperas. Te doy las gracias por el cajoncito que nos enviaste. Nuestra Madrecita y Hermanitas rezan por ti. Dile a Jaime que un millón de gracias por la S. Familia. Y dijo la Hermanita que rezaría por él para que fuera sacerdote (ya lo veo haciendo gestos). A tu mamá y papá, un saludo muy cariñoso. Lo mismo a Pablo y Jaime. A la Gordita, un pellizco; y a mi Eli, el inmenso cariño de su indigna hermana 

Teresa de Jesús, Carmelita 

Todos los días rezo por ti. Dios te pague tu caridad. La plata siempre llega. Que Dios te lo pague, pichita.