139. A una amiga

J.M J.T 

Mi hermanita querida: Que la gracia del Espíritu Santo sea en tu alma. 

Te escribo con lápiz por estar debajo de los árboles. No te extrañes me haya demorado en contestarte. Había principiado una carta en la que te hablaba de oración, pero no se por qué me dio tanto susto meterme en eso, que dejé la carta, pues aunque te digo en ella que yo nada sé y que lo consultes al Padre Falgueras pues esto es muy delicado y podría hacerte dar un mal paso. Casualmente he leído en Ntro Padre San Juan de la Cruz este modo de oración, pero no me atrevo a decirte nada. Lo único que te aconsejo: que te humilles mucho; que no creas que porque eres buena Dios te hace este favor, pues puede ser porque te ve muy imperfecta y te quiere traer a mayor unión con El. No hagas ningún caso de esas palabras, pues no sabes si eres tú misma o Dios. Dile al padre lo que oyes y qué efecto es el que producen en tu alma. Fíjate si después quedas acordándote de Dios; si tienes dolor por haberlo ofendido; si tienes más fuerzas para vencerte; si te humillas, en una palabra, si notas tú que esas palabras te hacen mejor, y esto le dirás al padre sin ocultarle nada. 

Hermanita querida, yo sé por experiencia propia cuánto cuesta decir todo esto al confesor; pues a veces se nos figura que es una lesera, una ilusión, una cosa que no vale la pena de ser contada; pero esto en el fondo es orgullo, son tentaciones del demonio que quiere hacernos perder. Te ruego por la Sma. Virgen que lo digas todo, pues eso sirve para humillarse, y Dios quiere que seamos guiados por el confesor para ir a El. Eso sí: te pido que las cosas que pasan por tu alma no las digas a nadie fuera del padre, porque todo lo que se dice se evapora. No digas a nadie los favores que te hace N. Señor, pues podrían darte vanidad, o podrías perder el consuelo y paz que proporcionan, y traerte el desaliento y turbación, y N. Señor muchas veces abandona. 

Ten todo lo que te digo muy en cuenta, pues esto te servirá para toda tu vida. Son consejos que me los han dado a mí. Vas a entrar al colegio y, como hermana, te voy a decir una cosa que no quiero que jamás lo digas ni lo des a entender. Tú tienes confianza con Madre Izquierdo. Es una santa; pero ni a ella le debes contar lo que pasa por tu alma, pues esto a mí el confesor me lo prohibió, porque hace mucho mal. Preguntarle cómo puedes ser mejor, etc., todo esto sí; pero jamás decirle qué virtudes prácticas, qué mortificaciones haces, que si tienes consuelo o fervor en la oración, o si no tienes. Cuando tengas una duda, pregúntala al Sr. Villalobos, pues Dios le dará luz especial.