41. A su hermana Rebeca 8 de noviembre de 1918

41. A su hermana Rebeca 8 de noviembre de 1918

Cunaco, 8 de noviembre de 1918 

Mi querida hermanita: 

Moi absent rien n’est changé a nos relations; je suis toujours la vivant avec vous, assistant invisible à tout ce que constitue votre existence. 

No serías tan severa para juzgarme, si me oyeras decir a cada instante: ¿qué será de la pobre Rebeca? No sabes, mi pichita, lo que te recuerdo y las ansias que tengo de verte. Tú, que necesitas más que nadie los aires del campo para adquirir nuevas fuerzas, te encuentras encerrada allá en Santiago. Cuánto gozarías andando en auto por espléndidos caminos, magníficamente sombreados y a toda velocidad, y además oyendo los cuentos alemanes de un Padre que los dice con mucha gracia. 

Aquí las misiones tuvieron un espléndido resultado. Jamás había presenciado espectáculo más conmovedor: el de una noche que fue el día de la fiesta de reparación. Fíjate que se pide perdón a gritos, pero al principio los hombres no pedían. Entonces el Padre se dirigió a los niños y estos comenzaron a pedir perdón por sus padres; en seguida las mujeres y por último todo el mundo lloraba, y dos mujeres se desmayaron. Y la Gorda se reía. Te aseguro que fue patético aquello. 

En fin, pasando a otra cosa, te diré que no sé cuando me vaya, porque no tengo con quién irme. Ojalá viniera Lucho a buscarme el lunes, si no le es muy pesado el viaje. Créeme que tengo ansias de verte, de abrazarte y de besarte. Cuando se está lejos, se sienten mejor los sonidos que la distancia arranca al corazón. Uf -¡qué siútico!- pero es el corazón, perrita, el que dicta, y la cabeza no entiende este lenguaje. No sé lo que escribo, pero es para ti sola; así es que no importa ¿no? 

Me dices en tu carta que estuviste con la Sarita y Cía. ¿Qué hay de nuevo? ¿Siempre te gusta? 

Adiós. Saluda a mi papacito y mamacita, a mis hermanos (sin olvidarte de Chiro que lo considero como tal) a mi mamita, Rosa, a la Gorda Cruz, a la María Susana y Mercedes y Lucha. Y para ti el beso más cariñoso junto con un pellizco donde duele y no hace daño. Saluda a la Carmen de Castro y a la Elena Salas. Que me escriban. 

Adiós. Y el eco repite: ¡A Dios! 

Juana