60. A Elena Salas González

60. A Elena Salas González

1919, San Javier 

Querida Elena: 

… Sé perfectamente que la cruz es lo mejor y me considero indigna de sufrir, de cargar la cruz como N. Señor; ya que la cruz se la da a aquellos que más quiere… 

¿Cómo describirte la pena que por instantes va apoderándose de mi corazón al sentir la próxima separación? Cuando miro a los míos me digo: ¡Me falta tan poco para dejarlos… Y me parece que la ternura por ellos crece más aún en el fondo de mi corazón. Mas si los dejo, no es por una criatura. Es por Dios. Así ellos no me podrán echar en cara no los quiera; pues ante todo debemos amar a Dios. 

Ese amor divino es en mí de una fuerza irresistible, y cada día es más profundo. ¡Cómo quisiera hacer que todos lo amen, pero antes que lo conozcan! Sufro ya nostalgia, por otro lado, de mi conventito. De darme por fin a Dios. De pagar con algo ese amor suyo infinito. Amémosle. Seamos generosas. No miremos lo que hacemos, sino lo mucho que nos falta para corresponder a su amor… 

Ya estamos en febrero. Sólo me faltan dos meses. ¡Qué agonía experimento por un lado y, por otro, cuánto deseo tengo que llegue ese día en que ya no tendré sino a Dios! Entonces ya descansaré. Creo que voy a morir de felicidad cuando cambie, por fin, todo lo que tengo por N. Señor, no teniendo otro apoyo, otra luz otro vivir sino El. No te puedes figurar lo que experimento cuándo veo que ya nada nos separará, que de nadie me tendré que ocultar para amarlo y para estar con El. Muy pronto dejaré el mundo para volar al cielo. El carmen para mí es un cielo. 

Adiós, Elena querida. Reza por m~ para que sea un poco menos indigna de tal gracia. Saludos… y para ti el inmenso y sincero cariño de tu amiga que más te quiere 

Teresa de Jesús H. de M