115. A su madre 15 de julio de 1919

115. A su madre 15 de julio de 1919

J.M.J.T. Pax Christi. Julio 15 de 1919 

Mi mamachita querida: Que Jesús infunda en su alma el consuelo, el goce de la cruz. 

A pesar de estar ganando el jubileo, me ha ordenado nuestra Madrecita conversar un ratito cortito con mi querida mamacita, para que le diga que la encomienda llegó y que se la agradecemos muchísimo. 

Estamos en la novena de nuestra Madre del Carmen y el Padre Julio es el que predica. No se imagina qué bien lo hace, y cómo sabe penetrar con santa unción hasta el fondo del alma. No es posible comprender lo que siento cuando con todo el culto posible celebran alguna fiesta, pues de ordinario estamos en silencio en nuestro coro… Sobre todo mi alma se conmueve cuando cantan algo que he sabido, o cuando tocan lo que Ud., mamacita, tocaba, ¡Qué pobre, qué deslucido me parece el culto que tributamos a nuestro Dios sacramentado! ¡Qué poco respeto tenemos con Aquél ante el cual los serafines se cubren y anonadan! Y El todo lo soporta en silencio. Se mantiene sin esplendor, oculto bajo el pan, por vivir en medio de sus criaturas. ¡Oh, qué bueno es! ¡Qué infinito amor el suyo! ¿Cómo no nos enloquecemos de amor? 

Pasando a otra cosa, le diré que tenemos mucha pena, porque nuestra Madre Margarita se nos muere. 

Es una santa la que perdemos. Me gustaría tanto, mamacita, que si no le es mucha molestia vaya a saber de ella a San Bernardo. Créame que la quiero muchísimo. Quizás a sus oraciones debo mi vocación de carmelita. 

Respecto a lo que me dice del asunto del curador, yo nada sé; así es que no le puedo decir a nuestra Madrecita. 

Rezo tanto por Ud., mi mamacita… La acompaño como siempre en todo. 

Ya soy vieja. Tengo 19 años. ¡Qué horror! De cuánto tengo que dar cuenta. A Dios. Abrácese con la cruz. En ella está Jesús. El lo es todo. Saludos para todos. Nuestra Madrecita no le puede escribir todavía. La saluda. A Dios. 

Teresa de Jesús, Carmelita