117. A Herminia Valdés Ossa 22 de julio de 1919

117. A Herminia Valdés Ossa 22 de julio de 1919

J M.J.T. Pax Christi 

22 de julio de 1919 

Que el Espíritu Santo sea en el alma de mi Gordita querida: 

Como eres regalona de Nuestra Madrecita, porque lo eres también mía, me ha dado licencia para que te conteste ligerito, sobre todo para agradecer las cosas que nos mandaste. Que Dios pague con creces tu caridad para con estas pobres carmelitas, que viven sólo de limosna. Créeme que, si comemos, es porque Dios provee nuestra despensa milagrosamente, pues en este conventito no se conocen los fondos. Nada más tenemos que a Dios. ¿Para qué queremos más? Cuenta con las oraciones de nuestra Madrecita y de todas nuestras hermanitas, que tienen -por su santidad- las puertas del cielo y el Corazón de nuestro Dios abierto. En cuanto a mis pobres oraciones, ya sabes que son tuyas y que jamás puedo olvidarte, porque te quiero mucho. 

He gozado con tu cartita lo mismo que Nuestra Madrecita, que te ha tomado mucho cariño. Su Reverencia me ha dicho que te encuentra muy parecida a mi tía Elisa, a quien ella quiere mucho, pues era muy regalona de tu tía. Siempre hablamos de ella, de tú mamá y tíos. El aniversario de la muerte de mi tía le hizo decir la misa y ofrecimos todas por ella la misa y comunión (creo que ésta también). 

Qué bueno que Dios te libre de los paseos. Tienes que serle muy agradecida, y ya que te libra del mundo, te debes dar más a El: comulgar todos los días. ¿Cuándo tendré este gran gusto de saber que mi Gordita, antes de principiar sus estudios, va a recibir a N. Señor que la está esperando desde una eternidad, ya que El sabía las sagradas hostias que consumirías? Ojalá mis palabras no caigan en terreno árido, y que en tu próxima carta me digas que te unes a mí diariamente en la comunión. Para mí es inconcebible que, teniendo ansias de ser feliz, no busques a Jesús. Después de comulgar lo tenemos todo, porque tenemos a Dios, que es nuestro cielo en el destierro. Me dirás que tú no sientes nada de esa felicidad. Pero yo te pregunto cómo te has preparado. Te penetraste de la grandeza de Dios y del amor infinito que te demuestra al reducirse a hostia? Cuando comulgues reflexiona sobre lo que vas a hacer: todo un Ser eterno, que no necesita de ti para nada, puesto que es todopoderoso, un Ser inmenso que está en todo lugar, un Ser infinito y majestuoso ante el cual los ángeles con su pureza tiemblan, viene lleno de infinito amor a ti, pobre criatura, llena de pecados y miserias. Entre tantas personas que existen en el mundo eres honrada tú con la visita de ese gran Rey. Más aún: para que te acerques a recibirlo deja su esplendor y, bajo la forma de pan, del más sencillo de los alimentos, se une a su pobre criatura, para hacerse una misma cosa con ella. Y El está ardiendo en infinito amor, y ella permanece fría e indiferente, sin agradecer tan señalado favor. 

Perdóname mi sermón; pero te quiero tanto y deseo que seas muy buena; y para esto hay que comulgar. Cuando un día nos veamos en el cielo, que por la misericordia de Dios obtendremos, me agradecerás que tanto te haya pedido comunión diaria, porque comprenderás que en ella reside el germen de la vida eterna. 

Acerca de lo que me dices del paseo de la Alameda no he podido menos de reírme, pues ya te veo a ti, con misión de pescar, pasar en medio de los galanes con actitud virgen, con los ojos bajos, con el sombrero a media cabeza y con tu peinado de postulante y con el paso bien apresurado. ¿No es así? Siempre te repetiré que, si estás en sociedad, debes tratar de agradar primero que a nadie a tu papá y mamá, y después a todos los que te rodean. Yo rezaré mucho para que así te portes. Hazlo por Dios. Ahí tienes un tesoro para comprar el cielo. ¿No te agrada el mundo? Mejor, pues tienes ocasión de sacrificio. 

¿Cómo te va en tus estudios de piano? ¿En qué años estás ya? ¿Siempre sigues tus clases con el Sr. Donoso? Cuéntame todo, que me interesa. Dime todo lo que quieras en tus cartas. Nuestra Madrecita sabe guardar secretos, y es lo mismo que si nada supiera. Yo tengo plena confianza en ella. No tengo secretos en mi alma para con mi Madrecita, pues es una santa que no se espanta de nada, y a ti te quiere muchísimo. 

A la Eli dile que me perdone que no le haya contestado su cartita, pero que en cambio rezo por ella. Mucho me ha gustado lo de tu papá. Ya es un paso más. Ojalá consigamos la confesión. Saludos cariñosos para mi tía tan querida y para tu papá y chiquillos; un abrazo para la Eli y otro para mi Gordita. 

Tu indigna hermana en J.M.J.T. 

Teresa de Jesús, Carmelita. 

Si ves a la Carmen salúdala y que el 16 no la olvidé en mis pobres oraciones. Me gusta mucho se quieran. Saludos a la Juana y Elvira.