120. A su madre 2 de agosto de 1919

120. A su madre 2 de agosto de 1919

J.M.J.T. 2 de agosto de 1919 

Mi mamachita querida: Que el Espíritu Santo, sea en su alma, llenándola de la plenitud de sus gracias. 

No había podido contestar su cartita. Cómo se pasan los días, los meses, sin saber, aquí en el Carmen. Ya estamos en agosto. Sólo dos meses faltan para octubre… Me parece un sueño mi vida. Dos meses más y, si Dios quiere, tomaré el hábito. ¡Qué feliz me siento sólo de pensarlo! Sin embargo, también me da temor. No tengo ninguna virtud y estoy llena de defectos, y llevar el hábito de la Sma. Virgen así, tan indignamente me espanta… Créame que muchas veces quisiera retardar esa fecha; mas tengo ansias de que todo lo del mundo desaparezca y llevar ese sayal pobrecito, que será más semejante a aquella túnica pobre de Jesús. Pienso trabajar mucho en mi perfección, para que El no se avergüence de vestirme con el ropaje de sus almas perfectas. 

¡Qué dicha, mamacita es ser Carmelita! No puedo expresarle el himno de acción de gracias que se eleva incesantemente de mi corazón. Dios ha sido demasiado bueno con su pobre hija, tan indigna, tan pecadora. Sólo El ha querido apoderarse de mi ser, a pesar que tantas veces lo he olvidado. El cuida de su Teresa en cada instante, dándose a ella por entero. En este momento estoy perdida en su Ser Infinito. El me ama infinitamente, mientras yo, su nada criminal, permanezco amándolo, pues cumplo su divina voluntad. ¡Qué dulce cosa es para el alma vivir así con el Ser Divino, compenetra-da, unificada por el amor con Dios! Así pasa su destierro su carmelita: amando, para que la muerte la encuentre convertida en El. 

Ahora le contaré algunos detalles. Tengo el oficio de capellana. Arreglo el oratorio del noviciado y tengo que atender todo el noviciado, que, aunque es muy pequeño, no deja de tomarme tiempo, porque soy tan calmosa. Ahora nos estamos levantando diez minutos antes de las cinco A.M., porque rezamos en estos 15 días antes de la Asunción las quince casas del Rosario. Le aseguro que llena el alma de felicidad esa devoción a la S. Virgen. Dicen que concede todo lo que se pide. Así es que ya comprenderá cómo rogaré por los míos. 

El martes, por ser el día de Santa Marta, fuimos las novicias a reemplazar a las hermanitas conversas en la cocina. No se imagina lo que gozamos haciendo de comer. Nos reíamos a gritos al vernos picando las cebollas y llorando. Todo en el Carmen se hace con alegría, porque en todas partes tenemos a nuestro Jesús, que es nuestro gozo infinito. 

Terminaré mi carta por decirle que se deje invadir por Dios. Viva en El por la fe. Entréguese a El pasivamente. No dejará de apoderarse de su ser entero. Es todo amor; y para su infinita Bondad sólo nosotros existimos. Respiremos, por decirlo así, el ambiente divino en que vivimos. Dios está en nosotros, y en cada ser creado. Adorémosle con fe. Todo cambia cuando se mira a este Sol Divino. Que la fe, mamacita, sea el lente que le descubra a su Creador. Un alma con fe lo tiene todo, porque tiene a Dios. Los sufrimientos se transforman con ella. 

Es preciso no examinar los medios exteriores. Hay que escudriñar las fuentes de donde nacen, y la fe nos la señala: es el amor de Dios que prueba, acrisola y purifica el alma. Cuando sufra, mire a Jesús. La está amando con ternura, pues le está participando de su cruz, de aquella cruz que llevó en su Corazón divinísimo desde Belén hasta el Calvario. Deposítese a sí misma con todo lo que la rodea en el Corazón de Jesús. Viva abandonada a su santa Voluntad. De ese abandono nace la unión. 

A Dios. Nuestra Madrecita le envía un saludo cariñoso. La pobrecita está muy apenada con la muerte de nuestra Madre Margarita, pues era para ella una verdadera madre. 

Salúdeme a mi papacito y cada uno de mis hermanos. Salude también a mi tía Juanita y a misiá Julia, a quien le dirá que la recuerdo con todos sus niños en mis pobres oraciones. Igualmente a misiá Eger Pellé, a quien, aunque no le he contestado, no la he olvidado delante de mi Señor. A la Madre Josefina, un recuerdo de oraciones igualmente. 

Adiós, mi linda mamachita. Que el Amor sea nuestro centro, nuestra Vida. Su indigna h. en J.M.J.T. 

Teresa de Jesús, Carmelita 

A mi mamita, Rosa y a todas, un recuerdo cariñoso. Apure a la Rebeca en la libreta. De la Lucecita no me dicen nada. Ya andará y hablará todo. Tiene 4 meses. ¿Está grande? El giro ya llegó. Salude a misiá Juanita Ossa, a la Herminita, y para la Eli un reto por floja.