123. A su madre

Mi mamachita: Que Jesús sea su luz y vida. 

Unas cuantas líneas, porque tengo quehacer, y es para pedirle me envíe lo más luego posible, antes del 26 del presente, una media docena de cucharitas de te -de níquel creo que son- para hacerle este regalo a una de nuestras hermanitas, que celebrará sus bodas de plata. Todas nos aprontamos para celebrarla, porque la queremos muchísimo. Ella es la enfermera. No se imagina la caridad que tiene. Es incansable.

También cómpreme una estatuita de esas Sagradas Familias de una o dos pulgadas, porque la que tiene ella, con el uso está completamente gastada, pues la maneja en el bolsillo. Son de esas de bulto. Creo son de níquel, no muy grande. Mucho le voy a agradecer, mamachita, este regalo, y Dios se lo pagará a nuestro nombre. 

La Rebeca me pregunta que cuándo va a ser la visita. Dígale que no la admito hasta mi toma de hábito. 

La Anita Rucker estuvo aquí con la Cristina, que vino a ver a nuestra Madrecita. Hablamos mucho. Pobrecita. Ojalá consiga su permiso. 

¿Qué es de mi papacito? Le escribí y no me ha contestado. Estoy con cuidado. Salúdelo cuando le escriba. Adiós, mamachita. Permanezcamos constantemente en el corazón de Jesús. Que no le perdamos de vista jamás. Mirémosle siempre y amémoslo. 

Saludos para mis hermanos. Ruego desde las 5 A.M. hasta las 11 P.M. por cada uno. Y por mi mamachita, en la noche también. 

Su indigna, 

Teresa de Jesús, Carmelita 

P.D. Salude a mi mamita y demás. Mamacita: recibí su cartita donde me pregunta de las frazadas. Deben tener un metro ochenta de ancho y 2 mts. 50 de largo. Nuestra Madrecita dice que pueden venir el 30 y que escribiré a mi tía Rosa. 

Dios le pague lo que nos mandó. A Dios. Perdámonos en El negándonos en todo, para que El obre divinamente en nosotras. Mándeme luego esas cosas, por caridad. Vea que las cucharas sean de buena clase.