132. A su padre 28 de septiembre 1919

132. A su padre 28 de septiembre 1919

J.M.J.T. Pax Christi 

Convento del Espíritu Santo, 

28 de septiembre 1919 

Que la gracia del Espíritu Santo sea en su alma, mi papacito querido: 

Mañana quiero ser la primera en darle un fuerte abrazo de felicitación que le exprese la ternura de mi corazón de hija y de carmelita. Sí, esta ternura crece cada, mi papacito, y no crea que en el Carmen se extingue; antes al contrario, toma mayores proporciones, porque se ama sin interés y en Dios. Creo que pronto nos veremos, pues el 14 tomaré el hábito. No se imagina cuánto deseo ese día en que voy a ser revestida por ese hábito que la Sma. Virgen nos dio. 

Ayer estuvo Chiro a verme. No sabe cuánto le agradecí su viaje. Lo único que sentí fue no ver a la Lucita y su chica, a quienes tanto deseo ver. Dios quiera hacerlos muy felices y que formen un hogar cristiano. 

Y Ud., mi papacito, ¿cómo está? Según me dijo Chiro, con muchas preocupaciones. Como siempre. Pobre papacito, ¿cuándo lo veré sin ellas? Sin embargo, no se desanime, pues los trabajos y sufrimientos le van a servir para merecer el eterno descanso. Ofrézcalos a N. Señor. El, que vivió aquí en la tierra 33 años, sabe lo que es sufrir, pues su vida fue un continuo sufrimiento, a pesar que era Dios. Quisiera, mi viejito querido, hacerlo encontrar el consuelo junto a la Cruz. A su sombra, todas las amarguras desaparecen. Nadie sufrió tanto como Jesús y desde ella nos enseña a soportar todos los dolores en silencio y con resignación. El desde la Cruz convida a sus criaturas con los brazos extendidos, diciéndoles: «Venid a Mí los que estáis cargados por el peso de los dolores, que yo os aliviaré». ¡Ay, papacito! Vaya a Jesús como al amigo más íntimo y cuéntele todo lo que pasa por su alma. Nadie como El penetra su corazón. Nadie como El sabrá curar las heridas de su alma, porque con luz y poder infinitos ve y da la medicina. Además, nadie como Jesús lo ama tanto, puesto que dio su vida por darle un cielo. Cómo quisiera hacerlo conocer por Ud., mi papachito, pues así su vida se deslizaría tranquila y feliz, a pesar que las penas la rodearan. Ah papá, su carmelita le muestra la fuente de la paz y de la dicha aquí en la tierra, que sólo se encuentra en ese Dios crucificado. 

Yo soy tan feliz, porque vivo junto a esa fuente, y esto se lo debo a Ud., mi pichito querido. Por eso no me canso de rogarle a N. Señor, y especialmente a la Sma. Virgen, de quien es tan devoto, le haga sentir esa satisfacción de haber dado una hija, aunque sea la que menos vale, a N. Señor. El 14 venga a renovar, papacito, ese ofrecimiento tan generoso, y que no me canso de agradecérselo. 

Mucho me preocupa lo de Miguel y ruego tanto por él… Pero hay que tenerle compasión de verlo así y arreglarlo todo lo mejor posible para que cambie de conducta. 

Quisiera fuera ésta interminable, mi papacito, pero el tiempo me falta. Sin embargo, estamos bien unidos y nos acompañamos mutuamente. ¿No es verdad? Adiós, papachito. Mañana no sólo tendrá la misa y comunión que yo le ofreceré, sino 16 más: la de nuestra Madrecita -que me encarga saludarlo- y las de todas mis hermanitas. 

No olvidaré el asunto que me encarga. Acuérdese de esa medalla que le di y que es tan milagrosa. 

Encomiéndese a Ella… 

Reciba todo el cariño y ternura de su hija que más lo quiere. Su indigna carmelita 

Teresa de Jesús,Carmelita