134. A Herminia Valdés Ossa 29 de septiembre de 1919

134. A Herminia Valdés Ossa 29 de septiembre de 1919

29 de septiembre de 1919 

Mi Gordita tan querida: Que el Espíritu Santo sea en tu alma. 

No tengo palabras para expresarte mis agradecimientos por los preciosos candeleros que tuviste la caridad de enviarnos. Nuestra Madrecita y todas las Hermanitas los encontraron muy bonitos, y me encargan agradecértelos, y todo te lo pagarán con oraciones. 

Por la Rebeca supe que habían pedido el permiso para venir a la toma de hábito, por lo que estoy contentísima. ¡Tanto tiempo que no nos vemos! ¿Y te acuerdas que casi no pasaba día sin que estu-viéramos juntas o nos habláramos por teléfono? Sin embargo, mi hermanita, cuando el cariño es verdadero ni el tiempo ni las distancias separan. ¿No es esto lo que pasa entre nosotras? 

Estuve en retiro 10 días. ¿Qué te parece? Se me pasaron volando. Nos lo dio el Padre Avertano, carmelita. Fueron preciosos. No te imaginas la impresión que me han causado. Me he propuesto convertirme. ¡Qué deseos tengo de encerrarte a ti para que te conviertas…! 

Mucho siento la muerte de tu tío Ramón y me he acordado de encomendarle a Dios. Cuántas veces pienso lo que es la muerte para los que viven en el mundo. Les parece terrible aquel momento en que todo concluye. Y para una carmelita la muerte no tiene nada de espantable. Va a vivir la vida verdadera. Va a caer en brazos del que amó aquí en la tierra sobre todas las cosas. Se va a sumergir eternamente en el amor. 

Quisiera inculcar en tu alma el amor a lo eterno, a lo que no pasa. Es necesario vivir siempre pensando que una eternidad nos aguarda. ¿Qué nos importaría entonces sufrir y sacrificarnos 80 años, cuando así mereceríamos gozar siempre? Gordita querida, siempre te predico en mis cartas; pero es que quiero que seas muy piadosa. Necesita tanto el mundo de niñas que tengan verdadera piedad… ¡Cuánto bien puedes hacer entre los tuyos si eres sacrificada, si no buscas tu comodidad, sino el bien de los demás! Y cuando sientas ese grito interior del egoísmo, dirige con tu pensamiento una mirada a Jesús. Por su amor ¿no tendrás fuerzas para vencerlo? El se sacrificó por ti desde que nació hasta el Calvario. Y de ver a un Dios ensangrentado que te pide que te venzas, ¿podrás no hacerlo ? 

A Dios, pichita querida. Estoy apurada. Saluda a tu papá y a tu mamá, a los chiquillos y a la Eli; y para ti un abrazo con mis pobres oraciones, que es lo único que puede darte tu indigna hermana carmelita

Teresa de Jesús, Carmelita 

Reza por mí.