144. A una amiga

Pax Christi 

Que Jesús, mi hermanita, sea con Ud.: 

Sólo unas cuantas líneas para consolarla, si nuestro Señor me lo permite. Le pido que no dé entrada al desaliento. El llorar mucho por las faltas que se cometen no es humildad; y más aún si son involuntarias. Debe, inmediatamente que caiga, pedirle perdón a Jesús y enseguida -como un niño con su madre- recostarse en su Corazón, confiada en que no sólo la perdonó, sino que se olvidó. Somos miserables que caemos a cada paso. Somos niños que aún no sabemos andar. ¿Cómo Jesús se va a enojar por caídas que tienen por causa nuestra ignorancia, nuestra debilidad? 

Evite siempre toda falta voluntaria. Para esto pida a Jesús la libre de ella, y si cayera, inmediatamente, arrójese en el abismo del amor, y El las borrará y consumirá. Según sea el peso que estas faltas lleven, es decir, con cuanta mayor confianza y arrepentimiento estén, tanto más adentro la introducirá en ese océano de caridad y, por lo tanto, más bañada saldrá por el amor. 

En cuanto a lo que me dice -que cree que Jesús la mira irritado y que no quiere perdonarla-, es una tentación. Debe esforzarse en hacer actos de confianza. ¿Por qué temer que Jesús la rechace? ¿Una madre rechazaría a una hija que, desobedeciéndole, fuera después a pedirle perdón? No. La estrecharía contra su corazón. ¿Por qué no pensar que hace eso Jesús con nosotras, criaturas miserables, cuando El encierra no una ternura de madre, sino una ternura que no conoce término, porque es infinita? 

A Dios, hermanita. Rezo por Ud. y X. Sean fieles a Jesús, y en las vacaciones tengan más oración. Dos horas pueden tener: una en la mañana y otra en la tarde. 

A Dios. Vivamos con El, amándolo en el santuario de nuestra alma. 

Teresa de Jesús, Carmelita