148. A su madre

Aleluia, Aleluia, Aleluia. 

Que Jesús sea con mi mamachita: 

Todavía me estoy riendo de lo que me ha dicho nuestra Madrecita se corre en el mundo de esta pobre carmelita. ¿Por qué quieren turbar, mamacita, su felicidad, diciéndole que estoy triste, que lloro, etc.? ¿Por qué el mundo pretende despertar a los muertos para él, y encontrar en aquellos que viven en los brazos de Jesús tristezas? ¿No ve que es envidia del reposo, de la paz, de la felicidad que inunda mi alma? !Cuán bien veo que los que inventan semejante mentira no conocen lo que es vivir en el cielo del Carmelo y lo que es la gracia de la vocación! Además, si en mis cartas, mamacita, nota Ud. alegría, felicidad, ¿cómo puede creerme tan doble para expresarle lo contrario de lo que siento? 

Miro en este instante a mi Jesús y me río del mundo entero con El. Déjeme llorar entre sus brazos todo el día, mientras los demás se ríen y divierten; que poco me importa a mí llorar, mirando a la alegría infinita, gustar la amargura junto a la dulzura divina de Jesús. Soy feliz y jamás dejaré de serlo, porque pertenezco a mi Dios. En El encuentro a cada momento mi cielo y un amor eterno e inmutable. Nada más deseo que a El. A nadie más amo que a El. Y este amor va creciendo en mi alma, a medida que me voy introduciendo en su seno divino de amor y perfecciones adorables. 

Nada de la tierra puede servirme ya de atractivo, porque he conocido a la hermosura divina. Y en caso de llorar, mamacita querida, no sería por tristezas fingidas, sino por mis muchos pecados y por temor de ofender y perder a Dios; por no amarlo lo bastante… 

En cuanto a mi salud, gracias a Dios, puedo admirarme de lo bien que estoy. Además, nuestra Madrecita siempre está con sus maternales ojos para cuidarme. 

Pasando a otra cosa, le contaré que me han dado la ermita de la S. Virgen. Estoy feliz con ella. Sin embargo, quisiera que Ud., mamacita, como cosa suya, le pidiera a la Lucita el Niñito Jesús de ella, con los Reyes Magos, la Sma. Virgen y San José; pues directamente no me atrevo, pues quizás querrá que sea para la Lucecita, pero es por si acaso. También mándeme por caridad, ese cuadro de la Sma. Virgen que me regaló mi tía Rosa. Mi mama sabe.

No se imagina lo mucho que he rezado por mi tía, pues la quería tanto. Verdaderamente tuvo la muerte de los justos. 

A Dios, mamachita. Cariños a mi papacito, a quien voy a escribir, y también a los niños. Saludos para mi mama y todos los de la casa. De nadie me olvido. 

Amemos a Jesús y en El vivamos. 

Teresa de Jesús, Carmelita 

No se deben extrañar no les escriba, pues en el noviciado se escribe rara vez y sólo por necesidad. Eso sí, me pueden escribir de vez en cuando, pero no les contestaré seguido. Díganle a Ignacio y Chepita que les voy a ofrecer un regalo de misas, comuniones y oraciones.