151. A Amelia y Luisa Vial Echeñique 26 de noviembre de 1919

151. A Amelia y Luisa Vial Echeñique 26 de noviembre de 1919

J M J T Pax Christi 

Convento del Espiritu Santo, 26 de Nov., 1919 

Srtas. Amelia y Luisa Vial 

Mis mellicitas tan queridas: Que la gracia del Espiritu Santo sea en sus almas. 

Como mañana entraremos en Adviento y ya no podré escribir no he querido dejar de contestar sus cartitas que tanto les he agradecido, y a las cuales imposible me había sido el contestarlas, porque el tiempo vuela aquí en el Carmen. Créanme que me parece que siempre hubiera sido carmelita, pues casi no me acuerdo del pasado. Mi felicidad actual me ha hecho olvidarlo todo. Si me vieran ahora en mi pobre celdita donde paso los días sola con Jesús, me envidiarían; pues El forma mi dicha más cumplida. 

No se figuran, mis mellicitas, lo muy presentes que las tengo en mis pobres oraciones. El santito que me enviaron lo tengo en nuestro breviario. Así todos los días ruego por Uds., sobre todo ahora que comprendo cuánto sufren al salir del colegio. Sin embargo, no se atemoricen demasiado ante la nueva vida que se les presenta; pues siendo hijas de María, la S. Virgen las cubrirá con su manto. Además, tienen ya formada en sus corazones una piedad sólida, que el mundo no podrá quebrantar si siguen Uds. siendo fieles a sus prácticas piadosas, como son la comunión diaria… Pero comulguen fervorosamente. Que Jesús pueda encontrar en sus almas un asilo donde descansar. Prepárense bien, penetrándose a quien van a recibir. Es todo un Dios el que desciende a visitarnos, el que, endiosándonos, nos convierte en El. ¡Cómo quisiera hacerles comprender, mis mellicitas, lo que es comulgar aquí en el Carmen! Para una carmelita la comunión es un cielo; y debiera serlo para toda alma creyente. ¿Cómo no morirnos de amor al ver que [a] todo un Dios no le basta ya el hacerse ni-ño, sujetarse a nuestras miserias, tener hambre, sed, sueño, cansancio siendo Dios; no le basta el pasar por un pobre artesano, sino que se humilla hasta la muerte de cruz -muerte de criminal en aquel tiempo-; no le basta el darnos gota a gota su sangre divina? Quiere más en su infinito amor. Y cuando el hombre prepara su muerte, El se hace nuestro alimento para darnos vida. Un Dios alimento… pan de sus criaturas, ¿no es para hacernos morir de amor? ¡Y pensar que comulgamos sin un mínimo afecto de amor! Jesús viene lleno de infinito amor, y nosotros lo recibimos fríos y sólo procuramos hacer peticiones, sin adorarlo, sin llorar de agradecimiento a sus divinos pies. Viene a buscar consuelo, amor, y no encuentra nada. Procuren Uds. no comulgar como lo hacen todas las personas del mundo. 

Otra práctica es que oigan misa todos los días. En ella, si no se preparan o dan gracias por la comunión, hagan meditación. Traten de conocer a Jesús, el amigo íntimo de nuestras almas. En El encontrarán la ternura de una madre en grado infinito; consuelo si tienen que sufrir; fuerza para cumplir con sus deberes. Miren a Jesús anonadado en el pesebre, en la cruz, en el sagrario. De allí nos dice cuánto nos ha amado. 

Por fin, les diré que tomen la resolución de ser toda para todos, sacrificándose por los demás sin manifestarlo. Renuncien a sus comodidades por los demás, para ganarles el corazón y llevarlos a Dios. Siempre estén dispuestas a acompañar a sus hermanas y a complacer a los chiquillos. 

También. No dejen de hacer catecismo en el externado y no se lleven leyendo todo el día, sino que cosan o hagan cualquier otra obra. También les recomiendo que, cuando salga a los paseos, procuren no hablar muy fuerte para no llamar la atención, ni que las crean chiquillas sin juicio. Manténganse en las conversaciones sin faltar a la caridad. Si las demás están pelando, cállense Uds., sino pueden defenderlas. Esto es muy necesario, pues también evita lo que el mundo llama planchas. Tampoco se dejen guiar por la opinión de las otras chiquillas, sino que tengan la suya propia, conveniente a una Hija de María. Y no tener respetos humanos en manifestarla; v. gr. si van al biógrafo y si la película no les gusta, digan Uds. que no, y así en todo. 

En fin, mis mellicitas tan queridas, no quiero latearlas más. Lo que me falta decirles es que, antes de hacer cualquiera cosa, ofrezcan a Dios, haciéndola con el objeto de demostrarle su amor. Rogaré mucho por Uds. para que Dios les dé a conocer su voluntad. Si las quiere en el mundo, que la cumplan en él; y si las quiere para hacerlas todas de El, que sean también unas santas. Yo cada vez soy más feliz de ser toda de N. Señor. En El lo encuentro todo: belleza, sabiduría, bondad, amor sin límites. El es mi paz. No se imaginan cómo, cuando llego al coro, me parece econtrarlo tal como lo encontraba M. Magdalena en Betania. Tan presente está a mi alma Jesús en el sagrario que no envidio a los que vivieron con El en la tierra. 

A Dios, mellicitas. Recen por mí, para que sea una santa carmelita. Soy tan mala todavía… Amemos mucho a Jesús. Que El nuestro todo adorado. Las abraza su indigna 

Teresa de Jesús, Carmelita 

Mi Madrecita les manda un saludo cariñoso. No muestren esta a nadie. Perdonen, por favor, todo. No tengo tiempo para leerla, porque ya es muy tarde. Saluden de mi parte a las Madres.