71. A su padre 22 de marzo de 1919

71. A su padre 22 de marzo de 1919

Bucalemu, 22 de marzo de 1919 

Mi papacito tan querido: 

Hacia varios días estaba por escribirle; pero ya comprenderá que no paro un instante. No se imagina cuánto lo recuerdo en este fundo tan precioso y las ganas que me dan de írmelo a robar para que descanse siquiera una semana de su penoso trabajo. 

He salido mucho a caballo y estoy encantada con subir y bajar cerros, pues me parece me encuentro en Chacabuco. Aquí están admirados porque no me canso, y me dicen soy una verdadera amazona. No dejaría de ser una vergüenza si no lo fuera… 

La pena más grande tuve porque no vino la Rebeca. Pobrecita. Pero las monjas no quisieron ni por nada. 

Nos vamos el lunes a Santigo. Váyase Ud. pronto, pues tengo ansias de verlo. ¿Cómo le va en su trabajo? ¿Y las cosechas cómo han sido? No sabe, papacito, lo que rezo por el buen éxito de ellas. Espero que Dios nos oirá, porque a la Sma. Virgen a quien he puesto por intercesora, nada niega; lo mismo que a San José, a quien estoy rezando el mes por V. Por favor, cuénteme todo, papachito, y 

aunque es cierto que poco consuelo le puedo dar, a lo menos le sirve para desahogarse. No sabe lo feliz que me haría si lo hiciera. Es tan grato para una hija el compartir los sufrimientos con su padre, ser el sostén y el apoyo en el áspero camino de la vida de aquel a quien, después de Dios, se le debe todo… Sí, papacito; eso es lo que yo quiero: mostrarle el cielo para que no sucumba bajo el peso de la cruz. 

Adiós, pichito querido. Cuando se sienta muy solo, haga cuenta que estoy a su lado, pues con el pensamiento lo estoy constantemente. Por muy bien que lo pase, siempre recordaré los días felices que pasé junto a Ud. Ese recuerdo ocupará en mi corazón un sitio aparte que nadie penetrará. 

Reciba mil saludos de mis tíos y primos. Y de mi mamá, Lucho y Nanito un abrazo muy cariñoso, con mil besos que le envía su hija que más lo quiere 

Juana