89. A Elena Salas González

89. A Elena Salas González

Grandeza de Dios y pequeñez de las criaturas. ¡Qué tarde he conocido a Dios! Abismo de miserias. 

Mi Elena querida: Que la paz del buen Jesús sea en tu alma. 

Me iba a dormir, porque ya es muy tarde y se me vino la idea de escribirte. Te agradecí tanto tu cartita… Te aseguro que no merezco la estima y el cariño que me tienes. Soy muy mala, y sin embargo, N. Señor es la misma bondad para conmigo. No sé lo que me pasa ya. Es una agonía intensísima la que experimento. Todo se presenta a mi vista como si ya estuviera a punto de morir. Veo las cosas y las criaturas tan pequeñas que no comprendo cómo he perdido el tiempo en preocuparme de ellas. ¡Qué miserias y bajezas encierran. ¡Qué grande e inmenso me parece Dios! ¡Qué suma de perfecciones infinitas encierra el Ser que es mi Todo adorado! ¡Qué tarde he conocido a Dios, es decir, qué tarde lo he amado! Lo he ofendido tanto que me admiro que Dios pueda soportar a un monstruo de ingratitud igual. El nos ama con infinito amor y nosotros le correspondemos con ofensas a su Divina Majestad. 

El martes voy a hacer confesión general de toda mi vida. Reza para que pueda penetrar hasta lo más recóndito de mi alma. ¡Qué abismo de miserias, de lodo, de inmundicias encuentro en ella! Y sin embargo, Dios me ama con predilección. 

Reza porque tenga verdadero arrepentimiento, para que no vuelva a mi mala vida, pues tendrían que echarme del convento. Oh, pídele a N. Señor me tienda su brazo para no caer. Ruega a la Madre de los Dolores para que no me deje jamás bajar de la cima del Calvario, donde he de ser en cada momento de mi vida crucificada. 

Adiós, hermanita del alma. Ama a N. Señor. Sé generosa con El, ya que El lo es contigo. Amalo, no con palabras como yo, sino con obras. 

Recibe muchos besos y abrazos de tu 

Teresa de Jesús