De Chacabuco al Carmelo

Juanita recorría a caballo estas tierras donde hoy se emplaza su Santuario, eran patrimonio de los Solar y su extensión lindaba con Argentina.

Por entonces, el Monasterio del Espíritu Santo -el cual sería su nido espiritual- se situaba en pleno centro de la ciudad de Los Andes. Ella, santiaguina, argumentaba al defender su decisión de ingresar a este Monasterio, entre otras cosas, de que el clima andino le venía bien a su salud.

Pero su corazón de “amazonas” como la llamaban, por su audacia a la hora de montar, no vislumbraba los senderos de Amor que iba trazando y que algún día serían recorridos por miles de jóvenes que como ella sentirían esa sed insaciable de infinito que la devoraba.

Y es que ella desde el Seno del amor de Dios, sigue realizando su misión que inició ya en la tierra. “Ella es la savia por donde Dios hace circular su gracia a las almas” como se propuso, al elegir la vida contemplativa.

Y este anhelo suyo lo vemos encarnadamente, año a año, en cada Peregrinación Juvenil. Nuestro Monasterio situado a metros del Santuario y en una cota más alta, resulta ser una excelente “platea” desde donde podemos contemplar “con los ojos del alma” los torrentes de gracia que emanan del Templo y que riegan la semilla de la fe puesta por Dios en aquellos corazones peregrinos, cansados, pero gozosos.

Los días previos a la celebración dentro de los cuales se despliega el trabajo logístico (montaje del escenario, pruebas de amplificación, instalación de servicios básicos, entre otros) vienen a ser para nosotras una llamada a intensificar nuestra oración, especialmente por los organizadores y voluntarios que tan desinteresadamente ponen todo el corazón, para que la Peregrinación sea una experiencia que marque la vida de los jóvenes a través de Teresita.

En ciertas ocasiones hemos recibido en el locutorio al Vicario de la esperanza joven con su equipo de colaboradores más cercano, quienes nos comparten detalles del enfoque que la han dado a la Peregrinación ese año, a través de las distintas estaciones. Siempre es un gozo ver lo comprometidos que se ven con su Misión de animar a los jóvenes en su camino de fe.

El día mismo de la Peregrinación y durante todo la jornada, la música y los cantos invaden nuestro Monasterio, estremeciendo no sólo los vidrios de los claustros, sino también nuestros corazones, que aunque acostumbrados al silencio, son capaces de abrirse a esa “melodía de amor” que Teresa entona a su Amado Jesús, a través de las voces de tantos y tantas.

Muchos peregrinos venidos desde distintos lugares de nuestro país nos acompañan en nuestra Eucaristía de las 8:00 de la mañana. Y durante todo el día nuestra capilla permanece abierta, como un oasis de oración y “soledad sonora”. Pues los peregrinos que lo deseen pueden acompañarnos en el rezo del oficio divino y en la Adoración al Santísimo Sacramento que durante todo ese día se expone.

El culmen de aquella intensa jornada, es la Eucaristía celebrada en la explanada del Santuario. Nosotras sin mayor aparataje, “despabilamos el oído” para escuchar cada palabra de ella y el eco que produce en los jóvenes, a través de sus respuestas llenas de fervor y compromiso, propio de aquellos años de grandes esperanzas.

Luego, al final de la Misa se oye por última vez el canto “Tres cosas tiene el Amor”, y nos vuelve a conmover la increíble fuerza de los jóvenes que, a estas alturas, todavía les queda; para cantar y saltar sobre sus pies cansados y muchas veces llagados, por los 27 kilómetros de amor recorridos, por Aquel que los “amó primero” y por quien, literalmente, se han dado “por entero”.

Sólo nos basta agradecer al Rey del cielo, por habernos dado a Teresa, por haberla creado: tan amorosamente cercana y, tan cercanamente amiga y, tan amistosamente chilena y, tan chilenamente Santa.

Sus Hnas. Carmelitas de Auco

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